Twitter

La ¿muerte? de Twitter, drama y oportunidad para la divulgación científica

«The bird is freed«. Desde que el pasado 28 de octubre Elon Musk compró definitivamente Twitter, que todo son incertidumbres en esta red de microbloogin. El magnate está actuando como lo ha hecho siempre con sus empresas y proyectos: siguiendo su peculiar criterio de rico sin límites.
Sin embargo, el problema añadido en este caso es que Twitter es algo más que una empresa de coches eléctricos. En Twitter existe todo un ecosistema comunicativo donde, a pesar de todas las sombras y peligros, ocurren cosas socialmente relevantes.

En el ámbito de la divulgación también.

Tradicionalmente, la comunidad científica ha mostrado poco entusiasmo hacia las redes sociales. Se ha reconocido siempre su rol, se ha valorado su multilateralidad, pero ha costado – y sigue costando – que se dediquen esfuerzos a tener presencia en ellas.
Y la red que ha logrado más “adeptos” del mundo de la ciencia es, precisamente, Twitter. La plataforma de microbloggin es la preferida por la comunidad científica y allí tienen lugar interesantes prácticas comunicativas. Para la ciudadanía que desea estar informada, se ha convertido en una vía asequible para llegar a las fuentes; y para las personas profesionales que quieren divulgar su investigación, en una herramienta de fácil manejo para llegar a mayor audiencia.

Lo sabemos. Para conseguir que Twitter sea útil, es necesario adquirir las habilidades necesarias para filtrar el ruido. Hay mucho ruido y se cuela por todas partes. Validar las fuentes, organizar los perfiles en listas, contrastar la información. Son competencias indispensables, hoy en día. Y adquirirlas tampoco te asegura la inmunidad frente a las Fake News. Entre otras cosas, porque ya puedes aplicar todas las técnicas de curación de contenidos posibles, que en el fondo sigues estando a merced de un algoritmo caprichoso.
Pero, sin embargo, en Twitter pasan cosas socialmente relevantes.

No entraremos ahora a detallar todos los peligros de Twitter. Desgraciadamente, los tenemos más que presentes. Sin embargo, lo que es evidente es que esta plataforma ha constatado la necesidad de una red para la divulgación científica. Si Elon Musk acaba matándola, como parece empeñado en hacer a base de exabruptos de los suyos, habrá que pensar hacia dónde migramos para poder seguir comunicando ciencia.

¿Morirá, Twitter?
El pasado 24 de noviembre, el Centro de Estudios de Ciencia, Comunicación y Sociedad (CCS-UPF), con la colaboración de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, organizó el seminario ‘El impacto de los cambios de Twitter en la ciencia y su comunicación‘. Ignacio López Goñi, de la Universidad de Navarra; Lydia Gil, divulgadora en ‘Social Media en Investigación‘; y Marc Masip, de Verificat, intentaron poner luz a la oscuridad. Una tarea, en este caso, incluso más complicada que a la que se enfrenta Carles Porta en cada episodio de Crims.

Elon Musk es un hombre imprevisible y las reacciones de la comunidad digital frente a los cambios en las redes tampoco son ciencia exacta; por tanto… el debate sobre el futuro está abierto. Muy abierto.

En esta webinar, sin embargo, se apuntaron cuestiones importantes.
Desaparezca o no Twitter, migre o no la gente hacia otros lados, deberíamos aprovecharnos que hay conciencia de la importancia de una comunicación multilateral, para hacer las cosas mejor. Y Mastodon, esa red que hace años que corre pero que ahora parece estar en boca de todos, puede ser un buen sitio donde ir a intentarlo.

“Cualquier persona vinculada a la comunicación científica debe investigar a Mastodon”, coincidieron en afirmar los tres ponentes. Lo más probable es que Twitter persista y que Mastodon no llegue nunca al grueso de usuarios de la red del pajarito, pero sea como sea es un buen campo para la investigación y el aprendizaje. Porque es libre, de código abierto, descentralizada, y alejada de los algoritmos y los caprichos de los propietarios. Mastodon, que forma parte del Fediverso, pertenece – de momento – a la comunidad.

Volvemos a los orígenes: Gestión de Conocimiento en Red
En 1996, el periodista científico Luis Ángel Fernández Hermana, considerado uno de los padres de Internet en nuestro país, creó la empresa Enredando. En un momento en que el periodismo se miraba con recelo la llegada de Internet, Fernández Hermana inventó lo que después supimos que había sido la primera red social.
Se trataba de una plataforma que se bautizó como GC-red (“Gestión de Cnocimiento en red”) y que planteaba una transferencia de conocimiento basada en un esquema simple:
Una zona de aportaciones (donde se publicaban materiales que debían ser el punto de partida del debate), una zona de debate (donde los usuarios intercambiaban impresiones siguiendo unas normas de participación consensuadas), y una zona de resultados (donde se publicaban las conclusiones… que a su vez se convertían en documentos iniciales para futuros debates).

Este esquema, esa metodología, es relativamente fácil de aplicar en los entornos sociales actuales. Desde Eduscopi impartimos una formación en el Cibernàrium de Barcelona Activa donde planteamos precisamente esta idea: aprovechar las redes sociales como redes de aprendizaje (si te interesa, se titula ‘Linkedin y portfolios para hacer red de aprendizaje’).

La tecnología la tenemos al alcance, sólo necesitamos los perfiles profesionales que gestionen en la comunidad. ¿Hasta dónde puede llegar la comunicación científica si aplicamos esta hoja de ruta? Divulgar contenidos como punto de partida, interrogar a la red, recoger todas las aportaciones debidamente filtradas y comprobadas, y elaborar nuevos contenidos para seguir haciendo crecer el conocimiento. ¡Imaginémonoslo!

Trucos, herramientas y consejos
Como alumnas aplicadas, tomamos notas del seminario sobre el impacto de los cambios en Twitter. Una recopilación de ideas y herramientas que vale la pena tener controladas, al menos mientras seguimos en manos del loco de Musk.

– Conviene descargarse una copia de nuestros datos en Twitter. Por lo que pueda ocurrir.

– Si nos atrevemos con Mastodon, existen herramientas que permiten importar usuarios desde Twitter (Fedifinder, Debirdify o Twitodon, por ejemplo). Y si quieres que otros puedan encontrarte a ti, añade tu perfil Mastodon a la descripción de tu perfil Twitter.

– De momento, en Mastodon no existen servidores específicos para ciencia y universidades. Podemos probar Science Mastodon, a ver qué se cuece, teniendo claro que siempre se puede cambiar a otro servidor. Y para descubrir a gente podemos mirar el repositorio personal investigador o el repositorio de perfiles oficiales (comunidad política, medios de comunicación, periodistas, etc.)

– Lydia Gil, además, habló de una conferencia que nos puede dar pistas para entrar en el fascinante mundo del Fedivers: Uso de #RedesSociales libres y descentralizadas en la comunicación científica

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