Tolkien

La biología del mundo de Tolkien (I) Cruces entre especies

Una de las herramientas para divulgar ciencia que comentamos en el Postgrado en comunicación científica, y en otras formaciones que ofrecemos, es la de aprovechar referentes populares de actualidad para tratar temas científicos. Si se combina con la sorpresa que puede generar tratar ciencia a partir de referentes fantásticos o de ciencia ficción, su potencia puede llegar a ser mayor. Sirve de ejemplo el magnífico libro «La física de los superhéroes» de James Kakalios o diferentes entradas de blog como La genética de Juego de Tronos – Naukas de Biogeocarlos en Naukas. 

Aprovechando el nuevo tirón del ya perenne mundo de Tolkien, recuperamos una serie divulgativa que escribió Salva hace muchos, muchos años, para el blog Así de simple, así de natural. La hemos adaptado y revisado. Esperamos que os resulte igual de interesante que cuando se publicó. 

¿Qué se trata en la entrada? El antiguo índice os puede dar alguna pista: 

  1. Introducción: La más friki de las entradas, donde se presentan las diferentes «razas» o especies que se tratarán
  2. Especies y medio-elfos: ¿Son humanos y elfos la misma especie?
  3. Humanos, elfos y uruk-hais: ¿Qué tiene que darse para considerar que dos especies son la misma especie? También presentábamos a los verdaderos protagonistas de esta historia: Los uruk-hai.
  4. El sexo de los Uruks: Viaje a la intimidad de estas criaturas nacidas de la «ingeniería genética» medieval.
  5. La cohabitación con los Uruks. Donde pasamos de puntillas por lo que puede pasar si orcos y humanos se acostasen, y nos acercamos al mundo microscópico de los gametos orquiles
  6. La adicción al alcohol de los gametos: Tómese una medida de óvulos humanos; añádase dos partes de espermatozoides de orcos; sumerja un cubito en granadina; y sirva en copa de martini estrecha. Tomar muy frío. Don’t throw away this shot. 
  7. Uruks mulos: ¿Para qué hablar de Sombragrís, si puedes hablar de mulos? ¿Qué tiene que ver esto con los Uruks? Tendréis que leeros la entrada…
  8. Humacos y oranos: Tigres, tigres; leones, leones. Y de Torrebruno, a la miostatina y cómo esta molécula puede ser la responsable de la mítica fuerza de estas criaturas (los uruks) ¿Serán humacos u oranos?
  9. Wolpoff y la teoría zoofíl… perdón, multirregional: ¿Podían los humanos cruzarse con todos los homínidos que se encontraban? ¿Considerarían a los orcos, digamos, dignos de su atención?
  10. Enanos y hobbits: Y, para finalizar, dirigimos nuestras miradas un poco más hacia el suelo, hacia las «razas» más pequeñas y —ley de novela— más importantes al final. ¿Podrían cruzarse con humanos? ¿Querrían?

Introducción

En esta serie divulgativa trataré de utilizar el maravilloso mundo creado por J.R.R. Tolkien para explicar diferentes conceptos de la biología. En principio intentaré que puedan ser leídos por no-biólogos y no-frikis: los conocimientos previos requeridos de ambas materias no serán nada complejos. Ver las películas, ayudará; leerse los libros, aún más. Ver la serie de Amazon… mejor no digo nada. 

Para abordar esta serie partiré de una sencilla premisa: Todo lo que está escrito en los libros de Tolkien es verdad. Así no podré escaparme por la tangente y deberé darle una explicación convincente. Supondremos que el mundo que imaginó Tolkien ha existido, existe o existirá en otro lugar, universo o realidad alternativa (como más gustéis).

En fin, espero que os guste y que disfrutéis con este ejercicio de frikismo de grado 4. Seguro que yo lo haré (+20 a la siguiente tirada).

Presentación de las “especies” de Tierra Media.

En los capítulos de esta sección trataremos el tema de los cruces entre las diferentes «razas» del mundo de Tolkien. Tomémonos un segundo para repasar las grandes razas de las que hablaré en estos capítulos:

El dios supremo quería crear individuos inteligentes, pero el dios de la tierra se le adelantó creando a la raza de los enanos. Mineros, bajos, extremadamente peludos y muy robustos. Cuando el dios supremo se enteró, hizo que el dios de la tierra pusiera en pausa su proyecto. Es parecido a lo que pasa cuando se para una obra a la espera que venga el político de turno a hacerse la foto.BrokenMachine86. Wikimedia Commons CC BY SA
Los elfos fueron los primeros creados por el político; perdón, por el dios supremo. Son altos, esbeltos y tienen multitud de características increíbles: no dejan huella en la nieve, ven en la oscuridad, son inmunes a enfermedades y venenos, e inmortales (excepto por heridas o la pena). Por no hablar de las orejas puntiagudas y la ausencia de vello corporal (sin depilación). Bueno, todos excepto el comandante Haldir de la película de Peter Jackson, que podría encender cerillas con la mejilla. [De hecho, parece que el tema de la barba tiene que ver con las etapas vitales de los elfos; Círdan, el constructor de barcos, se dejaba barba].Carmen Haberichter. Wikimedia commons. PD. 
Luego vinieron los humanos, también creados por el dios supremo, el cual debería de estar algo cansado. Más bajos y robustos, mortales y con una peor defensa ante enfermedades y venenos, los humanos de Tierra Media no tendrán nunca el problema de considerarse la cima de la evolución.Inserta tu imagen aquí
No se sabe bien de dónde surgieron los hobbits, aunque Tolkien insinúa que provienen de los humanos. Son la raza más baja de todas, con grandes pies peludos.Lucie Schrimpf. Wikimedia commons. CC BY SA
El dios malo (siempre tiene que aparecer uno), «pervirtió» a los elfos, creando a la raza de los orcos. Más bajos incluso que los humanos, presentan pieles oscuras y duras, colmillos afilados, visión nocturna y una vida larga, aunque no son inmortales. [Me ceñiré a esta opción, aunque parece que Tolkien al final ya no estaba tan seguro de la relación elfo → orco, a Antonio Runa me remito].big-ashb. Wikimedia commons. CC BY

Después de esta larga introducción, entremos en materia.

Especies y medio-elfos.

¿Qué es una especie?

Antes de seguir, conviene aclarar qué se entiende por especie. Una especie es aquel conjunto de organismos que son capaces de reproducirse entre sí (tener hijos) y dejar descendencia fértil (tener nietos, bisnietos, etc.). Fijaos que en la definición no entra el aspecto físico externo. 

  • Hay individuos de una misma especie que externamente son muy diferentes. Por ejemplo, ciertos patos y patas o los diferentes tipos de perro que podáis imaginar.
Andrei Stroe. Wikimedia commons. CC BY SA
  • Hay especies cuyo aspecto externo es prácticamente idéntico, pero son incapaces de reproducirse entre ellas. Por ejemplo, el turpial oriental y el occidental parecen el mismo pájaro, pero se trata de especies diferentes que no se reproducen entre ellas porque cantan diferente). 
Turpial orientalAlastair Rae. Wikimedia commons. CC BY SATurpial occidentalKevin Cole from Pacific Coast, USA (en:User:Kevinlcole). Wikimedia commons. CC BY

Cuando dos «candidatas a especie» pueden cruzarse y tener nietos, bisnietos, etc., se considera que son la misma especie. Cuando su reproducción no cumple alguna de las condiciones necesarias, se las considera especies diferentes.

¿Qué ocurre en el mundo de Tolkien? ¿Cuáles de las mal denominadas «razas» son especies diferentes y cuáles son realmente la misma especie? Para responder a esta pregunta, deberemos fijarnos en los cruces documentados entre ellas.

Medio-elfos

Que humanos y elfos pueden cruzarse está más que demostrado. El primer cruce que se conoce es el de Beren (humano) y Lúthien (elfa) y que tantas páginas ha llenado. Tuvieron un hijo, medio-elfo y todo su linaje es un continuo cruce entre estas dos razas hasta llegar a los hermanos medio-elfos Elrond (el de la película y la serie) y Elros (antepasado de todos los reyes de Númenor y, por tanto, de Aragorn). Como se puede comprobar, no solo pueden tener hijos, sino que su estirpe perdura. 

La Historia de Beren & Lúthien

Por cierto, el cuento de Beren y Luthien gustaba tanto a Tolkien que pidió que en la tumba que comparte con su mujer, se les llamara así. 

ceridwen / Beren and Luthien buried together / CC BY-SA 2.0

Por tanto, elfos y humanos pertenecen a la misma especie. El dios supremo utilizó el mismo molde genético para los dos.

Humanos, elfos… y Uruk-hai.

¿Qué quiere decir exactamente que son la misma especie? Quiere decir que pueden tener hijos fértiles y para ello se tiene que dar la compatibilidad de diversos factores:

  • Compatibilidad de tamaño: humanos y elfos tienen tamaños de cuerpo similares.
  • Compatibilidad genital: los genitales de hombres/elfas y mujeres/elfos deben de ser compatibles para permitir la cópula. Si una de las dos razas tuviese un miembro desproporcionado para las hembras de la otra raza, la cópula sería imposible.
  • Compatibilidad gamética: los elfos producen gametos (espermatozoides y óvulos) reconocidos por los gametos de los humanos.
  • Compatibilidad cromosómica: Los miembros de una misma especie deben presentar el mismo número de cromosomas y, además, estos deben contener prácticamente la misma información, los mismos genes en los lugares correctos.

Todo esto se da entre elfos y humanos, con lo que podemos deducir que los elfos tienen 23 pares de cromosomas con una configuración génica prácticamente idéntica a la de los humanos.

Los 23 cromosomas humanos. En este caso, de un varón. Es de suponer que la imagen para un elfo sería prácticamente idéntica. National Human Genome Research Institute. Wikimedia commons

Uruk-hai

¿Qué pintan los Uruk-hai en el título de esta sección? Los Uruk-hai son creaciones de Saruman, en otros tiempos el mago bondadoso más poderoso de Tierra Media. Saruman creó una nueva «raza» mediante «técnicas oscuras» a partir de humanos y orcos. Está claro que Tolkien no se refería al simple fornicio:  se estaba refiriendo a técnicas de ingeniería genética (oscuro y alargado es el brazo de Melkor; el brazo). Parece, pues, que humanos y orcos necesitaron «ayuda» para cruzarse. 

¿Significa que son especies distintas? Para resolver esta cuestión vamos a tener que llegar de nuevo al tema de las compatibilidades. Pongámonos optimistas y saltemos al ruedo del cruce entre (posibles) especies diferentes.

Uruks. Sexo y compatibilidades

Compatibilidad de tamaños

Pese a que los orcos son menores que los humanos, el tamaño no es tan diferente como para impedir la cópula.

Compatibilidad genital

Mmm… tema espinoso. ¿Alguien le ha visto los genitales a un orco/a? ¿Se describen en algún lugar? Porque, claro, los orcos vienen de los elfos, pero, ¿siguen siendo mamíferos? ¿Ponen huevos? Lo desconozco. El problema no se reduce solamente a un problema de encaje de tamaño de las piezas, como en el Tetris. Las dificultades también pueden venir de que los orcos hayan sufrido modificaciones estructurales importantes en la zona genital (¿se puede aturdir a un orco con una patada en los co… genitales?). Pero, bueno, me he propuesto ser optimista. Supongamos que la evolución de los orcos no les ha privado del patrón básico de los mamíferos: pene-vagina, y sigamos adelante.

Compatibilidad de conductas sexuales

¡Ah! Esta es nueva. Dos especies pueden divergir (pueden aparecer desde una misma especie ancestral) porque una pierda el paso o no encuentre el tono. Son muchas las especies (sobre todo de insectos, aves y mamíferos) que exhiben comportamientos de apareamiento complejos. De nuevo, nos sirven de ejemplo los turpiales cuyo canto separa las dos especies. 

Turpial orientalAlastair Rae. Wikimedia commons. CC BY SATurpial occidentalKevin Cole from Pacific Coast, USA (en:User:Kevinlcole). Wikimedia commons. CC BY

Aunque tengas compatibilidad de tamaño y compatibilidad genital, si no estás en la misma onda en lo que refiere a lo que incita el apareamiento, poco puedes hacer. Si para una especie el baile es esencial, mientras que para la otra lo es poseer un abalorio de plumas espectacular que no te permite ni andar, mal vamos. Ahora me entra la duda si los Uruks lo petan en la pista de baile… 

Cohabitación. La atracción y la repulsa

Con lo complicados que son los rituales de cortejo humanos (con pinturas, danzas, gasto bucal, colonias, alcohol, como mínimo) no puedo ni imaginarme cómo serán los rituales orcos. Podría, pero nunca se sabe quién estará escuchando…

Pero, bueno, supongamos que dos acceden a la cohabitación. Tendremos entonces el problema de la repulsa. Un hombre deberá yacer con una orca, o una mujer con un orco… Lo cual no parece plato de buen gusto. 

En este caso, quizás conviene recordar la mano (palabra mal elegida) o, mejor dicho, la voz de Saruman con la que es capaz de encantar al menos pintado. Con Saruman presente susurrándote al oído, ¿quién dice que no? Problema resuelto. Jamás habría pensado que acabaría señalando a Saruman como el mamporrero tolkiendili. 

Compatibilidad gamética. De cócteles y gradientes

Entremos en el mundo microscópico. Una vez el acto ha sido realizado, tenemos el problema de la incompatibilidad de gametos. Ya sabéis, óvulos y espermatozoides. La fecundación (unión de los gametos) no es un acto banal. No se trata de un acto mecánico. Pese a la forma de ciertos espermatozoides, no se trata solo de agujerear el óvulo, es un paso muy complejo que requiere del olfato de los espermatozoides.

Sí, los espermatozoides huelen; es decir, reconocen sustancias externas a través de múltiples receptores de membrana. ¿Y qué huelen? El óvulo. ¿A qué huelen los óvulos? Zum, zum, zum, zum. Pues a óvulo de una misma especie. Uiiiii.

Los óvulos lanzan su llamada química para atraer a sus fecundadores. Molecularmente hablando, difunden su llamada (molécula señal) al medio (en este caso el útero). El óvulo es el foco de la señal y esta se va diluyendo conforme va alejándose de él. Se genera un gradiente de atracción.

Es como poner un cubito de hielo hecho con granadina (perdonad mi vena coctelera) en un vaso de agua. Alrededor del cubito hay un aura de color que se difumina hacia el horizonte. Hemos creado un gradiente de granadina.

Pues bien, puestos a suponer, y forzando la analogía, imaginemos que a los espermatozoides les chiflan las bebidas con granadina (Daisy, Sunrise, Shirley Temple, sabéis de lo que hablo, seguro). Cuando los espermatozoides pro-granadina dulcecita entren en el vaso de agua en un lugar al azar, empezarán a oler granadina. Pero no la olerán igual por todo su perímetro. Las partes del espermatozoide más cercanas al cubito recibirán más señal que las más alejadas. Esta diferencia generará dentro del espermatozoide una activación diferencial de determinadas proteínas: se activarán más en un lado que en el otro. Esta diferencia se traducirá en señales moleculares que activará el flagelo (la colita del espermatozoide) de tal manera que el espermatozoide coctelero girará hasta encararse hacia el cubito (el óvulo). Y cuando esté encarado, el movimiento del flagelo le llevará directo a su objetivo. 

Pero volvamos a los Uruk-hai. Para que la fecundación ocurra, el óvulo de orca/humana tiene que mandar una señal que los receptores de los espermatozoides puedan reconocer. Si el óvulo vierte granadina, pero a los espermatozoides les van más los tragos duros o ácidos, no hay nada que hacer. No dirigirán sus movimientos hacia el óvulo desconocido. 

Uruk-hai, ¿los mulos de Saruman? 

Llevamos ya unos cuantos párrafos hablando sobre la posibilidad de cruzar orcos y humanos para generar Uruk-hai. Hasta ahora hemos revisado las posibles compatibilidades que se tienen que dar para que esto sea posible (como lo fue). En esta entrega toca adentrarnos en el núcleo de las células y hablar de la compatibilidad cromosómica.

La compatibilidad cromosómica se da entre miembros de una misma especie, los cuales presentan el mismo número de cromosomas y una igual disposición génica. Es decir, cada cromosoma contiene los mismos genes y en el mismo sitio. Si hay diferencias grandes en el número de cromosomas o en la disposición génica, entonces se dificulta la reproducción y se habla de especies distintas.

El ejemplo más claro de este caso se da en el cruce entre burros y yeguas. Este cruce genera un individuo viable (llega a la edad adulta): los mulos y mulas. Parecería, pues, que caballos y burros son de la misma especie. Pero esto no es así, porque los mulos y mulas son estériles (y lo mismo pasa con los hijos de burras y caballos, los burdéganos).

Cortex pb. Wikimedia commons. CC BY SARagesoss. Wikimedia commons. CC BY SA

La explicación de este fenómeno es espectacularmente sencilla y nos remite a uno de los procesos más importantes en la evolución de la vida tal y como la entendemos en la Tierra: la meiosis. 

Todas (o casi todas) las células de nuestro cuerpo tienen 46 cromosomas (23 parejas de cromosomas). Como tenemos cada cromosoma repetido (o casi todos si somos machos), se dice que las células adultas son «2n». Por tanto, «n» es el número de cromosomas individuales (23 en humanos).  

Para poder reproducirnos sexualmente necesitamos generar células con un número de cromosomas n. Estas células especiales con la «mitad» de cromosomas («n») son los gametos. La generación de células «n» a partir de las «2n» se conoce como meiosis. 

De una célula adulta «2n» a un óvulo (marcado con la E) con la mitad de información («n»). Modificado de Leiladavids. Wikimedia commons. CC BY SA.

Cuando se juntan dos gametos «n», se generará un nuevo individuo «2n». Sin la meiosis, cada generación tendría el doble de cromosomas que la anterior. Un follón. 

De los gametos («n») al zigoto («2n»), la primera célula del nuevo individuo. «n» + «n» = «2n». Thomas Bedin, Biorender. CC BY SA.

El problema con los équidos, reside en el número de cromosomas de cada uno de ellos.

  • Los caballos tienen 64 cromosomas.
  • Los burros, 62.
  • Cuando un caballo genera gametos, estos contienen 32 cromosomas (la mitad que las células adultas).
  • Los gametos de los burros “solo” contienen 31 cromosomas.
  • Los mulos, mulas y burdéganos generados tienen 63 cromosomas (32 + 31).
  • Y aquí viene su esterilidad. ¿Cómo dividir los 63 cromosomas para dar gametos viables? No pueden.

Pero llevo demasiado tiempo en el mundo real, ¡volvamos al mundo de Tolkien! ¿Qué sucede con los Uruk-hai? Que yo sepa, no hay bebés Uruk-hai, ¡ni siquiera mujeres Uruk-hai! (al menos fuera de los juegos de rol de unos hospitalenses dementes y sin escrúpulos). Mi apuesta es que se da una incompatibilidad cromosómica entre las dos especies, lo que genera individuos estériles. Con esta explicación, orcos y humanos no serían la misma especie, ya que su descendencia no sería fértil. Y esta afirmación incluiría a los elfos, porque, como hemos dicho, elfos y humanos son variantes de una misma especie.

También es posible que las «artes oscuras» de Saruman se refieran a conocimientos semi-rudimentarios de genética, lo que le permitiría generar embriones a partir de gametos de humanos y orcos, saltándose a la torera todas las compatibilidades (excepto la cromosómica). Con estos conocimientos, además, podría escoger solo los embriones que darían individuos machos, lo que explicaría la ausencia de hembras Uruk-hai. Y sin hembras, no hay crías. Si esto fuera así, orcos y humanos sí podrían ser de la misma especie (y elfos, de los que supuestamente derivan los orcos).

No sé, ¿cuál es vuestra apuesta: cruce más o menos natural, con incompatibilidad cromosómica y esterilidad del resultado, o rudimentos de ingeniería genética entendida como magia? Mmmm. El debate está candente.

En los siguientes apartados hablaré de dos temas “colaterales” a la genética de los híbridos humanos-orcos: el origen de la fuerza de los Uruk-hai (más fuertes que orcos y humanos) y la teoría multirregional del Wolpoff de la evolución humana. 

Humacos y oranos

Una de las características que distingue a los Uruk-hai es su tamaño y su fuerza, mayores ambos que los de los humanos (y, por tanto, de los orcos). ¿Pero de dónde proviene su fuerza? ¿Cómo puede un híbrido, o cruce, ser más grande y fuerte que sus progenitores? ¿No debería ser de tamaño intermedio?

De nuevo la naturaleza viene a nuestro encuentro. Tanto orcos como Uruk-hai se describen con ojos felinos adaptados a la oscuridad, y a los felinos acudiremos para tratar de desvelar la aparente incongruencia de tamaño y fuerza. 

Tigres y leones (poned aquí vuestro cántico preferido) pueden cruzarse y dan también individuos viables, aunque solo las hembras de la descendencia son fértiles. Cuando se cruza un león y una tigresa, se obtiene un ligre; cuando se cruza una leona y un tigre, se obtiene un tigón (no confundir con el gran congón woodialleniano, fantástico ser mitológico con cuerpo de león y cabeza de un león distinto).

Ligre. Me pareció ver un lindo gatito. Maxitup16. Wikimedia commons. CC BY SA

A lo que íbamos. Los ligres son individuos enormes, llegando a medir 4 metros; mucho mayores que sus progenitores. Los tigones son, en cambio, ligeramente menores que tigres y leones. Esto se debe a la presencia de un gen inhibidor del crecimiento en los cromosomas de estos felinos. 

Este gen se transmite por vía materna en los leones y por vía paterna en los tigres. Como los ligres tienen de padre un león (que no aporta el inhibidor) y de madre una tigresa (que tampoco lo aporta), no para de crecer en toda su vida. Al menos el tronco, porque al final las patas se le quedan cortas para su tamaño, y en la vejez suelen tener problemas graves de movilidad. Como podéis deducir, a los tigones les pasa justo lo contrario: ambos progenitores aportan sendos inhibidores del crecimiento, con lo que se genera un individuo de tamaño menor. (The tech interactive)

Podemos aventurar que el caso de los Uruk-hai será el mismo. Así que se me ocurren unas cuantas preguntas abiertas: ¿Quién transmite el inhibidor del crecimiento: el hombre o la mujer? ¿Son los Uruks humacos u oranos

Si los Uruks son los híbridos grandes, ¿dónde están los pequeños? ¿Son los goblins? ¿Los utiliza Saruman para otros menesteres? ¿Os imagináis el juego que pueden dar para futuras aventuras? Por fin los Hobbits tendrán gente de su tamaño con los que llegar a tener alguna posibilidad: ¡Oh! Eru mío, estoy rodeado de seres minúsculos hiperagresivos. ¡Ayudadme, por caridad, es una legión de oranos/humacos!

¿Mi ostatina o la tuya?

Me queda la cuestión de la fuerza legen–daria (high five!, referencia muy caduca) y me atrevo a apuntar a un culpable: la miostatina. Esta proteína es un factor de crecimiento específico del músculo. Es decir, controla el crecimiento y, por tanto, el volumen de los músculos. Se han dado casos de mutaciones espontáneas de este gen, lo que genera individuos con la musculatura exageradamente desarrollada (en las imágenes podéis ver ejemplos en vacas, perros y ratones). 

Roby at French Wikipedia. Wikimedia commons. CC BY SA. PLoS genetics. Wikimedia commons. CC BY. Lee Se-Jin, Department of Molecular Biology and Genetics, Johns Hopkins University School of Medicine, Baltimore, Maryland, United States of America. Wikimedia Commons. CC BY

Así que los Uruk-hai presentan también, como mínimo, uno de sus dos genes mutados. Saruman puede haber conseguido esto a través de pruebas de cruce, o por manipulación directa de los genes de sus «creaciones». Tampoco se tarda tanto si sabes dónde y cómo mutar. Y tienes una máquina para hacer PCR, y electricidad, y enzimas de restricción, y geles de agarosa, y vectores bacterianos. Hay que ver lo listo que era Saruman. You can call it magic.

Wolpoff y la teoría multirregional

Vaya título. Vayamos por partes. El género Homo apareció al este de África. Concretamente, al este de la falla del Rift, donde brilla el rocío, donde termina… (perdón, perdón, autorreferencia). Para no entrar en polémicas diré que el género Homo abandona su cuna con el Homo erectus que sale de África para colonizar el sur y sudeste asiático. A partir de aquí aparecen dos teorías.

Según una teoría, otros Homo evolucionaban por otro camino y dieron lugar a los Homo neanderthalensis, que colonizaron la actual Europa y el Próximo Oriente, y a los Homo sapiens que se expandieron, borrando del mapa a todo el resto. La convivencia entre estas tres especies, erectus, neandertales y sapiens, fue aniquiladora para las dos primeras.

Según la teoría multirregional de Wolpoff, las diferencias morfológicas que se observan entre los individuos europeos (con rasgos neandertales), los asiáticos (con rasgos erectus), y los africanos (con rasgos sapiens) son solo debidas a adaptaciones al medio, las cuales no habían conducido a la separación entre especies, debido a un continuo flujo genético. 

El flujo genético se da cuando hay cruce, sexo, reproducción entre individuos de una misma especie pero distribuidos en zonas amplias. Por decirlo con un ejemplo cercano. Los portugueses se tiran a los españoles que se tiran a los franceses que se tiran a los italianos, and so on… lo que asegura el flujo de genes necesarios para que no se separen en diferentes especies (aunque algunos lo parezcan). Según el multirregionalismo, pues, los seres humanos evolucionamos por todas partes, manteniendo nuestra coherencia genética gracias al sexo.

Los análisis genéticos de ADN antiguo han demostrado que Wolpoff estaba en lo cierto. Los sapiens se cruzaron con, como mínimo, neandertales y denisovanos. Así que pese a las diferencias y la expansión, seguíamos siendo una única especie. Por cierto, el premio Nobel de Fisiología o Medicina de 2022 fue otorgado a Svante Paäbo, persona clave en el desarrollo del análisis de material genético antiguo. 

Eje vertical: Millones de años; en la parte superior, la actualidad. Eje horizontal: Extensión geográfica. 
 User:Conquistador, User:Dbachmann. Wikimedia commons. CC BY SA

¿Y esto que tiene que ver con los Uruk? Pues tiene que ver para intentar inferir qué les va a pasar a orcos y humanos como especie. Si aplicamos a Wolpoff a este caso, puede que no sean distintas especies y que haya un flujo genético continuo en alguna parte que los mantiene como la misma especie. De todas maneras, al tener diferentes nichos (los orcos son nocturnos, aunque algunos humanos también) y, sobre todo, al tener diferentes atractivos sexuales, puede que a la larga se separen en dos especies distintas y que los Uruk sean producto de una cercanía genética, de una historia evolutiva reciente que ya no tiene marcha atrás.

Enanos y hobbits

Enanos

Después de todos estos párrafos, volvamos a la primera “raza” en despertar: los enanos de Aulë. Creo que lo voy a tener fácil. Los enanos son una especie distinta al resto de humanoides de Tierra Media. Sin discusión.

Que yo sepa no hay ningún caso documentado de cruce entre humanos, elfos u orcos con enanos/enanas, lo que da una idea de la distancia filogenética (la que hay entre especies) entre ellos. Pero, además, se dice que fue Aüle el que los creó utilizando un molde distinto del que utilizó el dios supremo. O sea, que son tan diferentes que la mitología les atribuye moldes distintos.

Pese a todo, parece claro que todos comparten un ancestro común. Presentan demasiados rasgos comunes como para no tenerlo: caminan erguidos, tienen el pulgar oponible, los ojos en posición frontal, etc. Pero, por alguna razón, sus caminos divergieron dando lugar a una nueva especie. Y esta razón puede ser, precisamente, el nicho ecológico y el fervor religioso.

Los enanos viven bajo tierra y se consideran hijos de un dios diferente del del resto, así que ni tienen la oportunidad, ni las ganas, ni el permiso divino para reproducirse con los otros seres. Así que se recluyeron y se autoalimentaron en su fanatismo, hasta que llegaron a convertirse en una especie distinta.

Hobbits

¿Y los hobbits? El propio Tolkien dice que derivan de los humanos, y jamás se ha conocido tampoco ningún cruce entre humanos y hobbits, así que podemos inferir que han traspasado el umbral que separa las especies o están en ello. Pero, ¿por qué? Comparten nicho, franja horaria, costumbres, y hasta pipa; ¿cómo han llegado a crear esta barrera infranqueable de la especiación? Ah, ¿el tamaño sí importa?

Acababa así la primera serie divulgativa de La biología del mundo de Tolkien: Cruces. Espero que hayáis disfrutado leyéndola lo mismo que yo he disfrutado escribiéndola. Nos leemos.

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