Las 19 menos 3 copas

Las 19 menos 3 copas

Goyo Mayo abrió una botella de Ribera del Duero con polifenoles ¡y no imaginas lo que pasó!, reza el titular en la pantalla.

Aún en pijama, incapaz de abrir los ojos por completo, llenos de legañas, y a menos de 5 minutos de haberse levantado de la cama, Alex bebe café preparado del día anterior, “café de S.O.S.”, le llama, y consulta las últimas noticias sugeridas por el móvil. Resulta que el vino tinto además de alcohol tiene… “po-li-fe-noo-les” – ¡vaya palabreja! – según la noticia “unas sustancias químicas que podrían mejorar la salud de los vasos sanguíneos”, – ¡mira tú que buena excusa!, piensa. Y sin continuar leyendo, pasa a la siguiente noticia. Cada día antes de dormir y nada más levantarse, Alex repasa las noticias. El mundo da muchas vueltas mientras uno duerme y hay que estar siempre al día, se dice. [Bzz-bzz], el móvil vibra. Es un mensaje de Andrea. – ¡Mierda! ¿¡es jueves ya!? ¿en serio se ha pasado la semana?, piensa Alex.

– ¡Bueeenos días! Os paso el link a la videollamada ¡nos vemos a las 19:00! 😊

– Hola!!! Genial Andrea ¡nos vemos luego! ¡qué vaya bien la mañana!, contesta Daniel.

[Tic-tic-tic] – Wola! ^^ perfect! Nos vemos más tarde con una copa de vino! 😉 ¡Qué no se os olvide! *GIF de un gatito con una copa gigante*, escribe Alex.

– ¡Buena idea!, luego compro. Hasta luego!!, contesta Andrea.

– Daniel: +1!!

Mete el móvil en el bolsillo del pantalón del pijama y se lava la cara. En tan solo unos minutos Alex, ha incrementado su velocidad un 50%. La cafeína ha alcanzado su cerebro y hace efecto. – Es una pena que el cuerpo no tenga una mini reserva de cafeína, piensa.

Los jueves las pilas están ya al mínimo y Alex, Daniel y Andrea siempre quedan para darle el último empujón a la semana. Pero con todo el caos que tenemos encima con la pandemia, que Daniel está teletrabajando en el pueblo de al lado, y que Andrea curra en radiología del hospital, es imposible juntarse. Adaptarse o morir, – ¡Así que nos adaptamos!, piensa y se sonríe de camino al metro.

***

Son las 19 y menos tres copas. Están de cháchara debatiendo sobre vinos. Pero antes, ya se han puesto al día y han arreglado prácticamente el mundo. La conversación se anima por momentos.

Alex ha elegido un tinto astringente, de esos que dejan la boca medio seca por los taninos, pero con mucho sabor y un aroma a roble agradable. De fondo oye a Andrea explicando, a toda prisa, que prefiere los vinos frizzantes, mucho más dulces, porque le resultan mucho más refrescantes, ¡son como un refresco! Daniel se ríe, le ha hecho gracia el tono agudo de voz que ha puesto Andrea, y le contesta, que bien pero que ella en cambio vota a favor de los blancos. Mientras tanto Alex está girando la copa de cristal distraída, derrama algo de vino, y deslumbra la cámara. Por las paredes de la copa se deslizan lentamente densas lágrimas de vino tinto, signo de que tiene bastante graduación, y parece que le está haciendo efecto. Andrea que no suele beber, lleva ya más de un tercio de botella. Alex interrumpe – pero… entonces… ¿el vino blanco se hace con uvas blancas y el vino tinto, con uvas tintas? – Claro ¿no?, dice Daniel. – Yo creo que sí, pero no tengo ni idea – añade Andrea – ¡espera que lo busco!

Después de teclear más de tres veces en el buscador las palabras “vinños bkanco”, “vino tnto” y “color dfela uva”, consiguen la respuesta. San-Google responde: “salvo raras excepciones, la mayoría de las uvas, ya sean blancas o tintas, tienen la pulpa blanca, así que se puede elaborar vino blanco a partir de cualquiera de ellas, siempre que se separe rápidamente el hollejo, del mosto… – creo que esa es la parte de la piel, y las pepitas, apunta Daniel. Andrea continua: …el color del vino deriva de los poli-fen-o-le-s-s y taninos que se encuentran en la piel de la uva, cuando están en contacto con el mosto. Así que, si el mosto se fermenta y macera junto a los hollejos de una uva tinta estos pigmentos pasarán al vino tinto. ¡Ajá! ¡pero si no tendremos un vino tinto!… digo ¡blanco!, termina de leer Andrea, a quien Alex y Daniel ya sólo pueden ver la nariz y parte del ojo derecho, de lo mucho que se ha acercado a la pantalla.

– Eso de los polifenoles, me suena, dice Alex. – Oye, lo siento, tengo que colgar enseguida, dice Andrea. Sí, sí yo también, se oye contestar a Daniel, que no aparece en la pantalla, mientras se escucha el sonido de la cisterna.

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