La batalla de las Mercury 13

La batalla de las Mercury 13

Era un día cálido de verano, en la ciudad de Washington. Jerrie estaba nerviosa, llevaba mucho tiempo trabajando y luchando por conseguir su sueño y esa testificación era clave para poder seguir con el proyecto. Junto con su compañera Janey, llegaron al Comité de Ciencia y Astronáutica de la Cámara de Representantes, una hora antes de que empezara la audiencia pública. Allí se encontrarían al doctor William Randolph «Randy» Lovelace, que a pesar de la situación, no perdía su elegancia y su compostura.

El doctor Lovelace no había podido dormir mucho la noche anterior, él también sentía frustración e inquietud por esa convocatoria. Pensaba en el tiempo y esfuerzo que había dedicado en ese proyecto durante los últimos 20 años, en conseguir y demostrar las capacidades de las mujeres en convertirse en astronautas, al igual que los hombres.

  • ¿Tenéis claro el discurso que vais a exponer ante el comité? – preguntó el doctor Lovelace, con un tono pesimista.
  • Voy a luchar hasta el final, hasta la última posibilidad que tenga. El  mundo del espacio no puede estar limitado solamente a los hombres, no queremos una batalla de sexos, sino un lugar para las mujeres en la carrera espacial de nuestro país, sin discriminación, y pudiendo participar en la construcción de la historia. – anunció rotundamente Jessie.
  • Yo quiero defender la crítica sobre mi carrera profesional, me están cuestionando por tener 8 hijos. Sin sacrificar mi vida familiar, he sido capaz de obtener más de 2000 horas de vuelo y experiencia aeronáutica. – añadió Janey.

El silencio apareció en esa conversación, no había suficientes palabras que describieran los sentimientos que vivían esas 3 personas. Decidieron entrar en la audiencia aunque Loveplace no podía acompañarlas a la sala de la testificación y se quedó en la sala de espera. Durante esa hora, el doctor recordó cómo empezó todo…

El liderazgo de la carrera espacial y con ello, la reputación de un país entero, estaba en juego. La Unión Soviética estaba mucho más avanzada en la competencia tecnológica con los Estados Unidos con sus dos primeras misiones espaciales: el lanzamiento del primer satélite Sputnik y con la misión Sputnik 2, dónde Laika fue el primer animal en orbitar la Tierra. Había rumores sobre el siguiente proyecto ruso, que tenía como objetivo lograr enviar al primer hombre al espacio. La Fuerza Aérea de Estados Unidos decidió iniciar su proyecto “El hombre en el espacio lo antes posible” (MISS) y con ello, vencer la carrera espacial mundial.

Entonces fue cuando llamaron a la puerta de la clínica privada del doctor Loveplace, necesitaban su ayuda para realizar las pruebas físicas y psicológicas a los diferentes candidatos para seguir con las pruebas de selección. Todos los candidatos eran hombres, pilotos, militares… personas con antecedentes en situaciones críticas. El doctor Loveplace sintió curiosidad por saber cómo les iría a las mujeres si realizaran las mismas pruebas.

En 1940 conoció a Jacqueline Cochran, una piloto femenina con tres récords de velocidad. Desde entonces, eran muy buenos amigos y decidió pedirle ayuda en su investigación. Con su colaboración, diseñaron un programa para estudiar las capacidades de las mujeres para los vuelos espaciales. El doctor Lovelace creía que las mujeres podían ser muy adecuadas para el espacio porque eran más pequeñas y ligeras.

El programa fue financiado por fondos privados y lo realizaron en la misma clínica del doctor. No se realizó ninguna publicación sobre la investigación aunque no sé ocultó en ningún momento. La primera candidata en realizar las pruebas fue Jerrie Cobb, instructora de vuelo y piloto de cazas y bombarderos. Transportaba aviones militares por todo el mundo. Era muy peligroso pero ella era una aventurera, que desde bien pequeña tenia puesta la vista en el cielo, sólo le importaba volar.

No se conocían todas las condiciones en que las astronautas se encontrarían en el espacio, por ello, se le realizaron a Jerrie diferentes pruebas físicas y psíquicas. Las pruebas más atípicas que le realizaron fueron, entre otras, inyectarle agua helada en sus oídos para inducir al vértigo y ver qué tan rápido podía recuperarse. También probaron sus reflejos mediante descargas eléctricas e incluso la hicieron montar en una bicicleta estática con pesos espaciales para probar su respiración. La tuvieron 10 horas en aislamiento y no solo superó estas pruebas, que fueron más duras que las que se les realizaban a los candidatos, si no que superó el 98% de todos ellos.

Gracias a Jerrie Cobb y su resistencia, el doctor comprobó que como mínimo las mujeres podían superar las pruebas tan bien como los hombres. Y además, las mujeres eran más pequeñas y por lo tanto, había la posibilidad de lanzar naves más pequeñas y con menos combustible. El doctor decidió extender el programa y convocar a más mujeres piloto, militares, etc. para realizarles más pruebas. El “programa Lovelace” había comenzado.

Jerry salió de la audiencia caminando con desgana; reflejaba completamente la derrota ante la audiencia y la impotencia que sentía por ese rechazo, después de tanto esfuerzo y sobretodo, tanta ilusión. Sólo pudo mirar a los ojos al doctor, no le salían las palabras. Janet, que  había salido detrás de ella, también se acercó al doctor:

  • Los representantes de la NASA George Low y los astronautas John Glenn y Scott Carpenter han testificado que bajo los criterios de selección de la NASA, las mujeres no podemos calificar como candidatas a astronautas. – explicó Janet al doctor Lovelace.
  • «El hecho de que las mujeres no estén en este campo es un hecho de nuestro orden social» – burlándose Jerrie de las palabras que expuso el astronauta Glenn.
  • Sabíamos que la NASA requería que todos los futuros astronautas fueran graduados por programas de pilotaje de pruebas de aviones militares y tuvieran títulos de ingeniería. – comentó el doctor.
  • Sí, pero Gleen no tiene ningún título universitario. ¡Y las mujeres estamos excluidas de las escuelas de entrenamiento de la Fuerza Aérea, por lo tanto, las mujeres nunca podremos graduarnos en esos programas! – exclamó Jerrie con palabras entrecortadas por su rabia.

A partir de ese día, se desvanecieron 13 sueños de 13 mujeres que habían pasado todas las pruebas para llegar al espacio y que ahora eran “las Mercury 13”. Pero nadie ni nada, podría hacerles olvidar cuál era su lucha y siguieron con su batalla en contra de la discriminación por simplemente ser el hecho de ser mujer.  Porqué el cielo no es el límite y porqué en el espacio, no hay diferencias entre hombres y mujeres.

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