Márketing y posicionamiento de la ciencia. El caso de los números E

Márketing y posicionamiento de la ciencia. El caso de los números E

Limón: Rezuma E-300 y E-330

El otro día el AMPA del colegio de una amiga ofrecía una charla sobre alimentación. En principio la charla podría haber servido para ofrecer consejos prácticos sobre la alimentación de los hijos, pero… hubo algunas cosas que hicieron arrugar el cejo a nuestra asistente.

Entre las señales de alarma, consejos como no estar cerca del microondas mientras funciona (sic) o, como no, la irresponsabilidad de no ir con cuidado con los números E. Evidentemente, la ponente quedó completamente desacreditada; nada de lo que pudiera decir iba a tener ninguna credibilidad. Como mínimo, a oídos de nuestra amiga.

Sin embargo, puede que muchos de los asistentes a la charla se quedaran con la milonga del peligro de la E… que, por cierto, no son peligrosas a las dosis que se utilizan: de hecho, son sustancias altamente reguladas que se utilizan a cantidades a las que se ha comprobado que son inocuas. Muchas de ellas se encuentran en productos naturales a mayores concentraciones que en los alimentos procesados (¿cuánta E-300 o E-330 debe contener un limón?)

La ponente, para defender sus argumentos, afirmaba que procuraba estar al día, y que consultaba regularmente internet para seguir los estudios sobre las “E” (música de miedo).

Justo la misma semana estaba preparando una actividad educativa para un recurso científico en el que proponemos a los alumnos analizar algunas E (para que vean que algunas son tan “peligrosas” como el ácido cítrico o la vitamina C). Para la actividad quería ofrecerles un enlace de una fuente fiable (institución gubernamental o universidad preferentemente). Y me dirigí a internet.

Y aquí viene el problema. En internet conviven diferentes resultados sobre las E:

  1. Páginas oficiales o de información fiable, pero que presentan la información sobre los aditivos de una manera aséptica, árida. Muy poco atractiva. (Ejemplo: Ficha para el E-300 de la base de datos de la Unión Europea)
  2. Páginas con fuentes u origen dudosos, pero que presentan la información sobre las E de una manera visual, con buscadores, con fichas… (Ejemplo: e-aditivos)

Esta distinción juega en contra de la percepción pública tanto de los aditivos como de la propia ciencia. Entre una página burocrática, espesa y con la información cifrada en lenguaje técnico o una página que me ofrece explicaciones cercanas acompanyadas de recursos visuales y una maquetación adecuada, la inmensa mayoría preferirá la segunda. Los visitantes, además, reforzarán la idea de que la ciencia es una disciplina hermética, una secta basada en un lenguaje incomprensible, análogo a la jerga de los abogados.

A la comunicación de la ciencia le iría muy bien un poco de márketing y de posicionamiento SEO para combatir las páginas no contrastadas (por ser suaves).

Dicho esto, quizás no estuve muy hábil a la hora de realizar la búsqueda. Si conocéis algún ejemplo de página oficial o contrastada en la que la información sobre las E se presente de manera atractiva, ¡estaré encantado de sabe que alguien ya ha pensado en la importancia de presentar correctamente la información!

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