La la land y la ciencia como marco romántico

La la land y la ciencia como marco romántico

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–Este es el marco que necesito– dice Gene Kelly

–Pero si es sólo un escenario vacío–contesta Debbie Reynolds

Y a partir de aquí, Kelly desempolva la magia del cine y sube a Reynolds a una escalera desde la que contemplar una romántica puesta de sol en la inmortal Cantando bajo la lluvia.

El amor en el cine ha florecido en diferentes escenarios: un paseo en el parque, un club de jazz, una sala de cine.

Alerta: Spoilers muy menores. Muy, muy menores y muy, muy previsibles. Vamos, nada que no se haya visto en los trailers o teasers.

En La la land (titulada aquí como la Ciudad de las estrellas), la relación entre Emma Stone y Ryan Gosling cruza todos estos escenarios (con guiños a otros muchos escenarios de otras tantas películas), pero además, añade un escenario de una belleza sobrecogedora: el observatorio Griffith y su exposición científica. El escenario perfecto, escogido por Mia, el personaje de Stone.

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La belleza del vals cósmico

¿Cómo no va a saltar la chispa ante una bobina Tesla? ¿Cómo no quedarse prendado acunados por el vaivén del Péndulo de Foucault? ¿Cómo no volar, ante la inmensidad del universo? Si no me creéis, ved la película.

La ciencia como marco romántico. La ciencia, y su innegable belleza estética. Otro punto para la película de Damien Chazelle.

Capítulo aparte merece la capacidad adictiva de algunas de las canciones de Justin Hurwitz. Extremadamente pegadizas. Dignas de algún estudio científico.

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