Entrevista a Xavier Valbuena (1/2): De las aulas al Polo Sur (ida y vuelta)

Entrevista a Xavier Valbuena (1/2): De las aulas al Polo Sur (ida y vuelta)

Presentación

Xavier Valbuena ha ido al Polo Sur, al que llegó después de andar 250 kilómetros. Muy poca gente ha vivido semejante experiencia. Pero no es de esta expedición exactamente por lo que queremos hablar con él.

Xavier no es (sólo) un explorador, es profesor; de profesión y de vocación. Lleva más de 25 años dando clases de Biología y Ciencias de la Tierra en el Colegio Tecla Sala de L’Hospitalet de Llobregat. Sus clases son divertidas, atractivas e inspiradoras. Os lo puedo bien asegurar: en buena parte, soy producto de su influencia.

Durante la entrevista se hace referencia a alguna de las frases que Xavier utiliza en su reciente charla en Grades Profes de Atresmedia:

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La entrevista

Charlamos en el acogedor bar La Lluna, cerca del Colegio Tecla Sala de L’Hospitalet de Llobregat. Tengo la sensación de que juego en casa: es el bar donde veníamos a almorzar cuando yo mismo estaba en bachillerato, y tenía a Xavier como profesor de Biología. Los años han pasado, pero nunca hemos perdido el contacto. Así que más que una entrevista, me parece una conversación entre amigos. Una conversación de una hora con el sol de invierno (¿podía ser de otro modo?) entrando por la ventana.

¿Ha influido tu experiencia polar en la manera de preparar las clases?

En la manera de preparar las clases, yo diría que no. Pero experimentar la soledad y disponer de tiempo para pensar, te hace ir filtrando las cosas importantes de las que no lo son.

Es un poco como lo que les ha pasado a los virus. A través del proceso evolutivo se ha pasado de formas simples a formas más complejas y después a formas simplificadas. En este sentido, hoy en día tiendo a simplificar cosas, a eliminar elementos superfluos y a quedarme sólo con el corazón de los temas que explico; con las ideas principales.

Experimentar la soledad y disponer de tiempo para pensar, te hace ir filtrando las cosas importantes de las que no lo son. Hoy en día tiendo a simplificar cosas, a eliminar elementos superfluos y a quedarme sólo con el corazón de los temas que explico; con las ideas principales.

Por ejemplo, si estoy hablando de evolución podría decir muchas cosas, pero, claro, si los alumnos no tienen clara la idea de la influencia del ambiente, de la importancia de la selección natural; de los conceptos básicos…. Si lo podemos vestir más, perfecto, pero como mínimo que se queden con esta idea; al fin y al cabo, explica todo el que hay en el planeta.

¿Influyó tu experiencia como profesor a tu aventura polar?

Hombre, me ayudó mucho. A nivel de comunicación tuve que hacer muchas charlas en escuelas. La profesión te da horas de experiencia y hace que no te sea difícil dirigirte a un auditorio. A mí me benefició mucho. No tanto para la experiencia sobre el terreno, pero sí para todo lo que rodea a una expedición: expresarte en los medios, vender un producto… Para este tipo de cosas sí que va bien ser profesor.

¿Cómo valoras la experiencia de mantener conversaciones con alumnos durante la expedición?

Fue genial. El hecho de contactar vía satélite con quién sea, encontrándote en aquellas circunstancias, es ya de por sí una fiesta. Estás allí, siempre las mismas cinco personas, y la conexión se convierte en un vínculo emocional con lo que dejas atrás. Pero si, aparte, coincide que estamos hablando de chavales, con la ilusión que tienen…

De hecho, ponen mucha ilusión. Fui a visitar escuelas antes y después de la expedición y recuerdo que en algunas escuelas habían trabajado durante mucho tiempo nuestro proyecto. Llegabas a las aulas y te encontrabas auténticas exposiciones en las que había una enorme cantidad de contenido antártico, sobre nosotros, sobre el medio… Para estos chavales que yo fuera allá a hablar…

Hubo un día que me sentí como Messi. Fue en Barcelona, ahora no recuerdo en qué escuela era. Había unas rejas; era la hora del patio. Mi compañero Éric y yo nos fuimos acercando al centro. Entonces, nos vieron y me va sorprendió mucho su reacción: nos reconocieron [risas] «Eh! Xavier Valbuena! Xavier Valbuena!». Niños que no conocía de nada. Vinieron a la reja, con una ilusión… como si fuera un futbolista.

¿Llegaste a firmar autógrafos?

Sí, sí. Llegué a firmar autógrafos [risas]. Los chavales lo viven de una forma muy pasional.

Cada pregunta que te hacían sabías que la habían estado trabajando en clase: habían decidido con sus maestros qué preguntas eran las más acertadas; habían escogido un representante de la clase; aquella persona elegida estaba allá con todos sus nervios ante el micrófono. Quizás yo, como profesor, que reconstruyo todo el proceso que se ha seguido en el aula para llegar hasta allí, lo disfrutaba más.

Fue la primera vez, y la única, que he tenido una sensación así, tan exagerada como esta de, entre comillas, fama. Y pensé: para la gente que experimenta esto día sí y día también, tiene que ser terrible. Terrible. Yo ya me sentí como si todo aquello no estuviera del todo justificado. Un poco halagado, pero, dices: «chicos, hay cosas más importantes». Incómodo, la palabra sería incómodo. Si esta reacción se da por dar golpes a un balón en un campo de fútbol – y no un día, sino cada día -… me parece terrorífico.

Los chavales ponen mucha ilusión. Lo viven de una forma muy pasional.

Como profesor, ¿has seguido en directo con tus alumnos otras expediciones? ¿Las has utilizado en el aula?

Alguna vez. Seguimos la Malaspina: una expedición de hace unos años que realizó una circunvalación al mundo. Alguna vez también hemos seguido la Barcelona World Race, que tenía algún contenido científico que valía la pena; pero de manera superficial. Sinceramente, muchas expediciones se han apuntado ahora a la tendencia medioambiental y educativa, y esto es una magnífica noticia, pero yo creo que no hay… ingenieros educativos [guiño, risas]… que sepan diseñar auténticas actividades para trabajar y utilizar esa expedición.

Como elemento educativo, veo que una expedición que vas siguiendo más o menos en directo, que tiene un cierto recorrido, que dura dos o tres meses y que puedes seguirla puntualmente en el aula, tiene un gancho increíble. Precisamente el otro día vinieron a la escuela unas chicas de la expedición Malaspina. Eran unas de las ambientalistas que había participado en ella. A los chavales, siempre que les hablas de la biología o de las ciencias sobre el terreno, les fascina. Las ven con focas, con unas sondas marinas, recogiendo plancton: todo esto les llama la atención.

Como elemento educativo, veo que una expedición que vas siguiendo más o menos en directo, que tiene un cierto recorrido, que dura dos o tres meses y que puedes seguirla puntualmente en el aula, tiene un gancho increíble.

Me gustaría hacerlo más de lo que lo he hecho. Han sido sólo tímidos acercamientos.

Por lo que veo, valoras mucho que venga gente que ha estado haciendo el trabajo de campo.

Mmmm… No es necesario, pero si haces un seguimiento de la expedición y, encima, puedes conseguir que venga alguna persona que lo haya vivido directamente, es extraordinario. Aunque sea sólo como símbolo. Para que ellos digan: «hemos sido trabajando y hemos sido viviendo todo esto [alrededor de una expedición]; y ahora ha venido a clase, con nosotros, una persona que ha participado y podemos hacerle preguntas más personales, u otro tipo de cuestiones». Lo veo fantástico.

Vivimos en una época en que se van tirando cada vez más expediciones y cada vez el seguimiento es más total. Están haciendo ahora la Barcelona World Race y tú puedes seguir su día a día. Si sabemos trasladar bien todo esto al ámbito pedagógico, puede resultar muy interesante.

Siempre tendrás el problema de «los currículums esto, los currículums aquello», pero yo, a mi edad, de los currículums ya paso. Quiero decir, que si una cosa me parece interesante, la hago porque pienso que lo que aporta a un alumno supera lo que es un currículum convencional, aunque me quede algún tema por dar.

Siempre tendrás el problema de «los currículums esto, los currículums aquello», pero yo, a mi edad, de los currículums ya paso.

De hecho, seguramente, a partir de esto podrás trabajar el corazón, la parte más profunda, más importante, que mencionabas antes.

Claro, claro. Creo que es fundamental que los alumnos, sobre todo cuando estás trabajando en secundaria, puedan probar qué es la ciencia, el arte, la historia, para después decidir sus propios intereses y hacia donde quieren encaminar su vida; no tanto los conocimientos concretos.

A mí lo que me interesa es que, si allí hay algún talento escondido o algún interés por la biología, alguna clase se lo despierte. Que piensen: «esto me parece genial, me apunto al carro». Después ya profundizará por él mismo o con ayuda otros educadores. Creo que es genial poder despertar esta motivación intrínseca (ahora que estoy haciendo ahora el curso de gamificación [risas]). A veces puede ser un hecho tan puntual como el seguimiento de una expedición y que alguna persona diga: «yo quiero estar en ese barco oceanográfico».

Creo que es fundamental que los alumnos, sobre todo cuando estás trabajando en secundaria, puedan probar qué es la ciencia, el arte, la historia, para después decidir sus propios intereses y hacia donde quieren encaminar su vida; no tanto los conocimientos concretos.

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