El universo en una copa de vino

El universo en una copa de vino

Hoy hace veintisiete años y dos días que murió Richard Feynman, un personaje que a los doce años arreglaba los electrodomésticos de sus vecinos, que tocó instrumentos de percusión en grupos de samba y compañías de ballet, participó en el proyecto Manhattan para construir la primera bomba atómica, fue declarado deficiente mental por el ejército de los Estados Unidos y ganó el Premio Nobel de Física por su contribución al desarrollo de la electrodinámica cuántica, la teoría que describe las interacciones electromagnéticas entre partículas elementales.

Además de todo esto, Feynman escribió muchos libros e hizo muchas conferencias en las cuales enfocaba temas clásicos del conocimiento con una mirada lúcida, afilada y libre de prejuicios. Leerlo o escucharlo es una experiencia estimulante e inspiradora. Su manera de enfocar y replantear los problemas y de relacionar conceptos aparentemente alejados siempre me ha de resultado de gran utilidad a la hora de preparar clases y conferencias. Un buen ejemplo de ello es este vídeo de sólo dos minutos y medio, producido por Joe Hanson para la cadena estadounidense de televisión PBS, en el cual Feynman diserta sobre una copa de vino. Encontraréis la transcripción a continuación.

Un poeta dijo una vez: “El universo entero en una copa de vino”. Como los poetas no escriben para ser comprendidos, probablemente nunca sabremos en qué sentido lo dijo. Pero es cierto que si observamos atentamente una copa de vino podremos ver todo el universo. Están las cosas de la física: el líquido que forma remolinos y se evapora en función del viento y del tiempo, los reflejos en el vidrio, y nuestra imaginación añade los átomos. El vidrio es una destilación de las rocas de la Tierra, y en su composición encontramos los secretos de la edad del universo y la evolución de las estrellas. ¿Qué compuestos químicos hallamos en el vino? ¿Cómo se han formado? Tenemos los fermentos, las enzimas, los sustratos, los productos. Y aquí encontramos la gran generalización: toda la vida es fermentación. Nadie puede descubrir la química del vino sin descubrir la causa de muchas enfermedades. ¡Qué vívido es el burdeos, presionando su existencia en la consciencia que lo observa! Si, por alguna razón, nuestras mentes diminutas dividen esta copa de vino, este universo, en partes —física, biología, geología, astronomía, psicología, etc.— ¡recordemos que la naturaleza nada sabe de ello! O sea que recompongámoslo todo de nuevo y no nos olvidemos de la razón de ser del vino. Permitámonos un último placer: ¡bebamos y olvidémoslo todo!

Dejando a un lado la boutade de decir que los poetas no escriben para ser comprendidos y la euforia etílica del final, si a todo esto añadimos, por ejemplo, la importancia del vino en algunas civilizaciones antiguas y en algunas religiones, las variedades de uva o las zonas vinícolas actuales, será inevitable hablar de historia, de economía, de agricultura, de clima y de un largo etcétera de temas que superan la ambición de esta entrada.

¿Alguien se atreve a probarlo en el aula?

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