David Sierra: “Los fracasos no existen en la transferencia de tecnología”

David Sierra: “Los fracasos no existen en la transferencia de tecnología”

David Sierra tiene a sus espaldas doce años de experiencia en múltiples proyectos relacionados con la transferencia de tecnología. En esta entrevista Sierra comparte cómo se encarga de gestionarlos a través del PRUAB, Parc de Recerca de la UAB.

Por Celia Conde / Fotografía: David Sierra

Accesible, resolutivo y cercano. Estos fueron los tres adjetivos que me vinieron a la cabeza después de haber intercambiado un par de WhatsApps por primera vez con David Sierra. No había pasado ni media hora desde el primer contacto y ya tenía en mi bandeja de entrada una invitación del Teams para encontrarnos virtualmente tres días más tarde. Así da gusto, pensé. Nos conectamos a la hora prevista. No tardó en hacerme saber que ya había googleado a su entrevistadora.

Está bien el artículo del pangolín. Tu rol en comunicación en la Fundación de incendios forestales se puede parecer un poco a lo que hago yo actualmente en el PRUAB, Parc de Recerca de la UAB. Hago de mediador entre los investigadores y la sociedad.

Sonrío y le pregunto directamente: ¿Cuál es tu rol en el PRUAB, Parc de Recerca de la UAB?

Ayudo a generar proyectos de innovación entre investigadores y empresas. Llevo ocho años dinamizando los grupos TECNIO de la Esfera UAB. Los grupos TECNIO son grupos públicos de Investigación que tienen el sello de la Generalitat de Catalunya otorgado por su agencia ACCIÓ. Este sello identifica a las entidades con más experiencia en el mercado y que poseen tecnologías más innovadoras. El fin es lograr que las empresas catalanas encuentren fácilmente al mejor socio que les ayude a innovar.

Trabajo con grupos que vienen de distintas disciplinas (química, electrónica o veterinaria, entre muchas otras) . Les doy visibilidad de cara a las empresas y les traigo los retos que tiene la sociedad y que puedan generar nuevos proyectos de innovación. Además de mi relación con centros TECNIO, trabajo para todos los grupos de investigación de la Universidad Autónoma y de otros patronos como el CSIC.

Imagen de David Sierra Hernández, Gestor de proyectos de Innovación en el PRUAB

¿Por qué es necesario para los científicos una organización como el PRUAB?

Los científicos necesitan ayuda para transferir sus resultados a la sociedad. El Parc de Recerca de la UAB es un vínculo de unión entre su campo de investigación y la innovación que demanda la sociedad.

«En este país el investigador es una persona que tiene muchísimo trabajo, y no estrictamente relacionado con su investigación»

Generalmente, en este país el investigador es una persona que tiene mucho estrés. Tiene muchísimo trabajo, y no estrictamente relacionado con su investigación. En realidad, al investigador se le debería pagar sólo por pensar, por generar resultados, por contrastarlos, etc. Sin embargo, no siempre es así, ya que se le exige mucho por otras partes, como las publicaciones, la docencia, etc.

El tema de las publicaciones se ha convertido en una especie de trampa. Si se quiere ir subiendo en el escalafón científico se ha de publicar mucho. Mientras estás ocupado con las publicaciones, se deja realmente de investigar y, mientras tanto, mi pregunta es: ¿Quién transfiere todo esto a la sociedad? Es necesaria una figura que se dedique a esto de manera transversal en todas las disciplinas. Es esto lo que mis compañeros y yo hacemos diariamente a través del Parc de Recerca de la UAB.

¿Cómo un ingeniero informático se lía la manta a la cabeza y acaba metiéndose entre estos dos mundos?

Mientras trabajaba como responsable informático en el mundo de la educación me llegó una oferta de gestor de transferencia de tecnología del Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial (IIIA-CSIC). Lo primero que pensé fue “Pero ¡si esto es para empollones!, aquí solo cogerán a cerebritos”. Además, en el IIIA no querían a un perfil de la rama científica, pero sí a alguien que supiera llevar grupos. Esto último lo cumplía, ya que tenía experiencia llevando equipos de trabajo durante el tiempo que estuve en la educación, y bueno también creo que influyó que les cayera en gracia (comenta divertido).

«Mi primer contacto con la transferencia de tecnología fue cuando entré en el Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial, CSIC»

En el IIIA daba soporte a un equipo de desarrolladores de software. Entrar aquí fue para mí la primera revelación con la transferencia de tecnología.

¿Cómo fue esa primera experiencia?

Fue dura. Ten en cuenta que yo venía del mundo de la educación y que la Inteligencia Artificial no es como lo que te enseñan en las películas. Es un mundo mucho más complejo y difícil de lo que uno se pueda imaginar, y ¡mira que a mí me encanta la ciencia ficción! (ríe). Fue dura, pero me encantó; trabajar en el Instituto me sirvió de palanca para estar donde estoy ahora.

Me comentabas antes la necesidad para un científico de tener tu figura mediadora para contactar con las empresas. ¿A las empresas les ocurre lo mismo con los investigadores?

Sí, pero con variables distintas a las del investigador. Las empresas se encuentran con el problema de la inmediatez. Ellas viven el día a día. Necesitan que el producto que se le ofrece tenga un valor añadido respecto a otra empresa que hace algo muy similar. Lo que hoy puede que valga, puede ser que mañana ya no interese. Las empresas necesitan una constante actualización e innovación. Por ello, necesitan estar en contacto con el mundo académico. Una empresa, si quiere crecer a medio y largo plazo, ha de contar con un departamento de I+D+i.

¿Son los doctorandos industriales los encargados de generar estas sinergias?

Sería lo ideal, aunque no siempre se encargan de hacerlo. Los doctorandos industriales tendrían que ayudar a crear esta parte. De todas formas, ahora abres el melón de la financiación con el doctorando industrial.

Mira, nos vienen empresas que parecen dar por hecho que al estar en una institución pública como la UAB el trabajo de los grupos de investigación se tendría que realizar gratuitamente. Así que les explico que lo que hacen las administraciones públicas es adelantar, muy insuficientemente, el coste de la Ciencia: investigadores, técnicos, instalaciones, etc., para mantenerlos capaces de solucionar los retos que les pide la sociedad.

«Nos vienen empresas que parecen dar por hecho que al estar en una institución pública el trabajo de los grupos de investigación se tendría que realizar gratuitamente»

¿Podrías darme un ejemplo de un proyecto concreto de transferencia de tecnología?

En el IIIA, por ejemplo, desarrollamos un proyecto de educación: un motor de Inteligencia Artificial como soporte de libros digitales, con el objetivo de recomendar al docente qué nuevos ejercicios de refuerzo se le tendría que mandar a un alumno para que mejorara en su aprendizaje. Por ejemplo, el alumno no te hace buenas redacciones y el libro digital “identifica” que el alumno tiene problemas en conjugar los verbos. Entonces, el libro digital sugiere al docente que le ponga más ejercicios de conjugación de verbos al alumno.

¿Este proyecto se aplica actualmente en las escuelas?

Que yo sepa, no.  De hecho, se frenó con el cambio de gobierno. Lástima, porque debido al confinamiento instaurado a raíz de la pandemia este tipo de libros digitales hubiese sido francamente muy útil.

¿Qué porcentaje de los proyectos en los que has estado involucrado se acaban finalmente aplicando?

Si hablamos de aplicación en el mercado, yo conozco realmente pocos, un 10 o 20%. No obstante, mi rol no llega normalmente a la parte final del proceso de innovación, sino que aún falta un buen camino entre el que se incluye, por ejemplo, el proceso de industrialización de los productos, su protección intelectual, etc.

Para ilustrar esto, recuerdo un caso de éxito con amargo final, un proyecto donde trabajamos para una empresa vendedora de colchones. El reto era implementar un sistema que recomendaba in situ, en la misma tienda, el tipo de colchón ideal para el descanso. Al tumbarse el cliente en el colchón, mediante visión artificial y otros sensores, el sistema debía valorar su peso, morfotipo y otras variables, para indicarle qué tipo de colchón de los que vendía la empresa era el indicado para él.

Los problemas comenzaron cuando el desarrollo del sistema llegó a la tienda, donde surgieron fallos no previstos en anteriores fases. Esto es algo que ocurre con frecuencia en cualquier desarrollo al llegar al entorno de usuario, muy difícil de replicar en el de laboratorio. Además, el responsable del proyecto en la empresa se marchó, y sus sustitutos decidieron no dar continuidad al proyecto.

¿Cómo medís el progreso de un proyecto?

Principalmente, a través de una escala llamada Nivel de Maduración de la Tecnología (Technology Readiness Level, TRL). Avanza desde el 1, que es simplemente la idea, hasta el número 9, que es cuando esta idea ya llega al mercado. Entre el 1 y el 9 las etapas intermedias no son cortas. Es decir, un solo proyecto se compone de múltiples subproyectos. Una vez que llegas al final vas a encontrar la creación de una empresa, o un producto para la empresa que ha estado detrás de esos proyectos, o un servicio o conocimiento que le permitirá a dicha empresa dar un valor añadido a su negocio. También, aunque no llegue al nivel 9, la experiencia recogida será muy útil a todas las partes en otros proyectos e ideas de negocio. En realidad, yo siempre pienso que los fracasos no existen en transferencia de tecnología.

Un proyecto de transferencia de tecnología se mide a través de la escala TRL, Technology Readiness Level, Nivel de Maduración de la Tecnlogía

¿Qué es más frecuente: que el investigador proponga la idea a la empresa o viceversa?

Normalmente la empresa va a buscar al investigador. Pueden hacerlo de múltiples maneras. Por ejemplo, hay empresas que se dirigen a los mediadores, es decir, a nosotros. Ellas nos plantean sus retos y nos preguntan si hay soluciones viables. En sentido inverso, los proyectos en los que trabajamos nos permiten estar en contacto directo con las líneas de investigación más maduras y reconocer en ellas posibles soluciones para los retos planteados. Las ideas de las empresas suelen pedir soluciones a corto plazo, y las de los investigadores, retos con estrategias a largo plazo.

En particular, ¿qué hacéis vosotros para fomentar que las empresas y los investigadores se conozcan?

Organizamos eventos en el PRUAB. Por ejemplo, mediante concursos como el Programa de Generación de Ideas. Este programa forma a investigadores, normalmente doctorandos de todo el territorio, donde se les enfrenta a retos reales propuestos por empresas patrocinadoras. Se crean equipos que presentan soluciones que son valoradas y juzgadas por un tribunal. El ganador recibe como premio principal apoyo para llevar su propuesta adelante, ya sea creando nuevas empresas o colaborando con los patrocinadores.

También realizamos Design Thinking, orientados a generar nuevos proyectos de innovación. Para estas actividades identificamos e invitamos a los distintos actores involucrados en una misma temática. Por ejemplo, si dicho tema son los incendios, llamaremos a un bombero, a un investigador de turberas, a una empresa de agua y a un pastor. Todos tendrán que resolver desde su punto de vista y experiencia los problemas previamente planteados. Este tipo de mecánicas ayudan a generar ideas desde nuevas perspectivas. Quiero decir con esto que, en realidad, una buena idea puede venir de muchos lados y esto ayuda a integrar a la sociedad en los procesos de innovación.

«A través del Design Thinking incentivamos que las empresas y los investigadores se conozcan»

¿Qué proyecto, de todos los que has trabajado, te ha resultado el más interesante?, y ¿por qué?

En general, me resultan interesantes todos los proyectos que se hayan creado a través de distintas disciplinas científicas. La idea de Open Innovation es precisamente esto, mezclar grupos interdisciplinarios.

Por ejemplo, uno de los proyectos donde el PRUAB participó, y que se aleja un poco de lo que te he podido contar hasta ahora, es el proyecto SO-CLOSE. Este proyecto trata sobre la integración de los refugiados en Europa.

El soporte a la financiación y la puesta en marcha del proyecto partió de la siguiente pregunta: ¿Cómo podría la herencia cultural de Europa ayudar a la integración de los refugiados en nuestra sociedad? Y la solución propuesta fue poner en común las experiencias vitales de personas refugiadas, que huyen de conflictos civiles en sus tierras, con los recuerdos conservados de las guerras, holocaustos y exilios europeos conservados en los centros de memoria histórica.

Un proyecto muy bonito en el que he podido participar a través de la PRUAB, y espero con ilusión que finalmente se llegue a realizar la plataforma deseada, que será un Centro de Nodos de Memoria Histórica, que contendrá un paquete de herramientas que permitan replicar estas experiencias de puesta en común para su futura “musealización” y servicio social.

Esto último que me comenta me deja ensimismada. Pienso en la suerte que tiene de dedicarse a esto. Toca el conocimiento en todas sus disciplinas. Sin más, me despide recordándome que ha grabado la entrevista que acábamos de realizar, y que me la enviará por email enseguida para que la transcriba. Vuelvo a pensar que así da gusto.

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