El coronavirus salva al pangolín

El coronavirus salva al pangolín

Pangolin / Natural History Museum (Londres). Crédito: Biodiversity Heritage Library

Se prohíbe el consumo del pangolín, especie en peligro de extinción, al ser sospechoso de ser el portador primario del coronavirus

El coronavirus SARS-CoV-2 podría conseguir acabar con la caza ilegal del pangolín, a raíz que este pequeño mamífero con escamas fuera el chivo expiatorio de la actual crisis sanitaria.

Sacando el lado más amable de la pandemia

Sigue habiendo espacio para buenas noticias, a pesar de la grave situación que estamos sufriendo debido a la pandemia por la COVID-19 (enfermedad provocada por el coronavirus SARS-CoV-2). Este es el caso de un comunicado que salió a la luz antes de tiempo, en el que se acusaba al pangolín de ser el portador primario del coronavirus.

Esta afirmación apresurada la realizó la Universidad Agrícola del Sur de China (SCAU) al declarar que el virus podría haberse propagado de murciélagos a humanos a través del tráfico de pangolines. Este desafortunado percance para los científicos fue un verdadero golpe de suerte para uno de los animales más amenazados del mundo. Desde esta declaración, el gobierno chino estableció una serie de medidas y decretó la suspensión del comercio de animales salvajes, y en concreto, del pangolín.

Un golpe de suerte

Del desafortunado comunicado a su desmentido, ya han pasado algunas semanas. No obstante, los consumidores potenciales, por suerte, aún siguen reacios a consumir este tipo de manjar muy valorado por la medicina tradicional china por sus supuestas propiedades curativas.

El primer comunicado aseguraba que habían hallado en un pangolín un genoma de coronavirus con un 99% de similitud con el patógeno detrás de la Covid-19. No obstante, unas semanas después se tuvieron que retractar, porque la similitud no era del 99% sino del 90%. Un porcentaje insuficiente para declarar al pangolín como vehículo de la COVID19 (enfermedad causada por el coronavirus SARS-CoV-2).

Carrera armamentística

La mayoría de los animales transportan una gran variedad de patógenos: bacterias y virus que pueden causar enfermedades. La supervivencia evolutiva del patógeno depende de la infección de nuevos huéspedes, y saltar a otras especies es una forma de hacerlo. El sistema inmune del nuevo huésped intenta matar a los patógenos, lo que significa que los dos están encerrados en un eterno juego evolutivo de tratar de encontrar nuevas formas de vencerse mutuamente.

El ciclo vital del patógeno depende de la infección de nuevos huéspedes, que pueden ser de especies que ya infecta o a nuevas especies, lo que contribuiría a su diseminación. En estos casos, el sistema inmune de los individuos de la nueva especie infectada reaccionan ante los patógenos. Aquellos individuos con un sistema inmune capaz de reaccionar mejor ante el patógeno dejarán una mayor descendencia. Por su parte, los patógenos que, por azar genético, sobreviven a las adaptaciones del sistema inmune también dejarán mayor descendencia. De alguna manera, se podría afirmar, que la especie del patógeno y la especie del nuevo huésped participan en una carrera armamentística propulsada por la selección natural.

El pangolín y la viagra

A pesar de que el pangolín está protegido por las leyes internacionales y por el gobierno chino desde el 2016, hasta hace unas semanas se seguía consumiendo. El pangolín es muy codiciado en Asia, debido a sus supuestas propiedades curativas, según la medicina tradicional china. Sus escamas se utilizan como sustituto de la viagra, o para la correcta circulación de la sangre, hinchazón abdominal, pérdida de apetito o incluso cánceres. Sin embargo, estas escamas están compuestas de queratina, el mismo material que las uñas y el cabello humanos, por lo que no tienen un valor medicinal comprobado.

Pese a la poca evidencia científica que respalda estas creencias, casi el 70% de los ciudadanos chinos creen que los productos derivados de este mamífero poseen un valor medicinal.

El mamífero más traficado del mundo al borde de la extinción

Según la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN); ocho especies de pangolín se encuentran amenazadas. De éstas dos, han sido catalogadas en la categoría de peligro crítico de extinción; y por tanto, dentro de los animales en vías de extinción.

Existe una creciente demanda impulsada por la medicina tradicional asiática, que hace de los pangolines una caza lucrativa. Cada pangolín representa una considerable suma de dinero, que podría cambiar completamente la vida de las personas en muchas comunidades pobres.

Cuando el río suena, agua lleva

Puede ser que la conclusión sea más ridícula de lo que nos gustaría. El comportamiento de la sociedad que se nutre de supersticiones es simplista. Por ello, el arma para contratacarla no debería ser muy compleja. Los bulos crean un mayor impacto a una parte de la sociedad, que las propias evidencias científicas. En esta ocasión, los bulos han logrado conseguir un beneficio directo para el pangolín, y como consecuencia, ha salido bien parado por el coronavirus de la caza furtiva a la que estaba amenazado.

Los bulos son muy volátiles. Pueden ir a la dirección deseada o no. ¿Qué hay de aquellos bulos que afirmaba que los cuernos del rinoceronte eran el remedio para el Ébola? o ¿los que aún defienden que tomarse una sopita con aletas de tiburón cura el cáncer?, entre muchas otras.

La lógica y las evidencias para un sector importante de la población mundial parece que pasan desapercibidas. Por ello, hablar en clave fake news parece que sea la «solución» más convincente, o al menos más efectiva para dirigirse a aquellos, que su vida está sustentada por una base de creencias y supersticiones.

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