Cosmética letal: 5 tips de belleza históricos para lucir ‘divina de la muerte’

Cosmética letal: 5 tips de belleza históricos para lucir ‘divina de la muerte’

Cosmética letal: 5 tips de belleza históricos para lucir ‘divina de la muerte’

Descubre los ingredientes venenosos con los que se “embellecían” en la Antigüedad.

¡Hola, queridxs amigxs! 

A lo largo de las épocas, el estándar de lo que consideramos belleza ha ido cambiando… pero la presión sobre las mujeres por cumplirlo parece que se ha mantenido constante, incluso hasta nuestros días.

A continuación, te presento una posible rutina de estética, inspirada en los cosméticos más nocivos (pero más populares) que se han utilizado a lo largo de la Historia. Pero te lo advierto… no sigas estos consejos a menos que quieras poner en práctica eso de “antes muerta que sencilla”.

#1. Depilación definitiva

Koremlu, crema depilatoria con talio

Como se suele decir ‘donde hay pelo, hay alegría’. En caso de que opines lo contrario, no te recomiendo que uses acetato de talio para depilarte… por muy de moda que estuviera desde finales del siglo XIX hasta los años 30. Por aquel entonces, este compuesto se comercializó a modo de crema depilatoria. Un producto de belleza dirigido a las mujeres para la eliminación del vello corporal (como la polémica Koremlu).

Y funciona. El talio (Tl+) actúa directamente sobre los folículos pilosos y provoca la caída del pelo… y también vómitos, diarrea, alucinaciones y la muerte. Esto se debe a que es muy similar al potasio (K+), que es indispensable para el buen funcionamiento de los músculos, la transmisión de los impulsos nerviosos y una gran cantidad de procesos celulares. Así que el talio se absorbe con gran facilidad a través de la piel y afecta gravemente a todo aquello que depende del potasio.

Es por esto que tanto el talio como sus sales son terriblemente tóxicos. No por menos se usaban como matarratas e incluso (SPOILER ALERT) es el veneno que trae de cabeza a los personajes de Agatha Christie en su novela El misterio de Pale Horse.

#2. Veneno pa’ tu piel

Píldoras de arsénico

Pelos fuera, y seguimos con nuestra rutina de belleza para obtener esa ‘perfecta piel de porcelana’ del siglo XIX. Pero, yo que tú, no me tomaría las píldoras de arsénico que anunciaban en los periódicos. El tratamiento prometía eliminar pecas, espinillas o marcas faciales, y darle a tu piel una blancura transparente. Y es que los efectos más claros de la exposición al arsénico son los cambios en la pigmentación de la piel… Pero, aunque el organismo lo tolera en muy pequeñas cantidades, tomarlo supone un gran riesgo.

El arsénico inorgánico es altamente tóxico para el organismo, ya que interfiere en las reacciones enzimáticas y “sabotea” la respiración celular. Al ser una molécula pequeña, entra con facilidad en las células, así que afecta prácticamente a todos los sistemas y aparatos del cuerpo, provocando daños serios e incluso la muerte por múltiples mecanismos.

Desde la Inglaterra victoriana hasta los EEUU de finales de siglo, se estuvieron promocionando estas ‘totalmente inofensivas’ obleas de tiza blanca llenas de arsénico. Y eso que el uso de este metaloide como veneno era más que conocido… En la Italia del siglo XVII, se popularizó como mata-maridos e, irónicamente, se vendía camuflado en frascos de maquillaje bajo el nombre de Aqua Toffana.

#3. Palidez cadavérica

Queen Elizabeth I y la cerusa

¡Hora de empezar a maquillarnos!

Lo primero y más importante es elegir una buena base de maquillaje para el rostro. Lo más blanca posible, para demostrar que somos gente de clase alta. La aplicaremos generosamente y bien extendida para que cubra todas las imperfecciones. Las antiguas damas griegas y romanas te aconsejarían que usaras albayalde. O podrías usar cerusa de Venecia, el maquillaje más popular desde el siglo XVI al XIX (se cree que a la reina Elisabeth I de Inglaterra le encantaba, para esconder sus marcas de viruela). Lo llamen como lo llamen, todxs te están recomendando lo mismo: carbonato de plomo mezclado con vinagre… pero, sinceramente, no hace falta que les hagas caso.

El plomo (Pb2+) es absorbido por la piel y causa un envenenamiento general, llamado saturnismo. Este metal pesado sustituye al calcio (Ca2+) en las enzimas y varios procesos celulares. Por tanto, va generando anemia en la sangre y daños neurológicos irreversibles… El problema de este maquillaje de plomo era que provocaba erupciones en la piel, y las coquetas damas y caballeros tenían que ir aplicando cada vez más cantidad para cubrirlas. Hasta que la exposición prolongada acaba provocando la muerte.

La condesa María de Coventry (una verdadera fashion victim) murió a los 27 años, en 1760, envenenada por la cerusa que utilizaba en su rutina de belleza. Pero no hace falta echárselo por la cara; el mismísimo Goya, que usaba este pigmento para sus pinturas, también sufrió de un saturnismo que acabó dejándole sordo.

#4. ¡Estás radiante!

Belleza radiante

El 26 de diciembre de 1898, Marie Curie y su esposo Pierre anunciaron su nuevo descubrimiento. Habían encontrado en la pechblenda (un mineral muy radiactivo con el que les gustaba trastear) un nuevo elemento químico: el radio. Y para la industria de la época fue como un enorme regalo de navidad. El interés comercial y médico por el radio se disparó: lo añadían al chocolate, cigarrillos, agua potable, supositorios, pasta dental, condones… y a los cosméticos. El radio estaba de moda. Un elemento que es un millón de veces más radiactivo que el uranio.

El cuerpo asimila el radio como si fuera calcio y se deposita en los huesos. Pero el radio es un material altamente inestable y sufre “decaimiento”. Es decir, que va liberando radiación alfa, beta y gamma hasta que se estabiliza (cosa que tarda muchos años). Así que esta radiactividad (naciendo dentro de tu cuerpo) va degradando la médula ósea y hace mutar a las células, provocando cánceres muy agresivos.

Esto es lo que les pasó a las llamadas chicas del radio. Ellas trabajaban para la US Radium Corporation pintando las manecillas y los números de relojes con Undark (una pintura con radio que brilla en la oscuridad). Para ello, solían afinar con sus labios el pincel que usaban… e incluso algunas se pintaban la cara, uñas y dientes con la pintura para gastar bromas. Murieron envenenadas por la radiación. Su caso fue el detonante para que se reforzaran las normas de seguridad industrial en Estados Unidos… aunque, hasta finales de los años 60, se siguió usando el radio en las esferas de reloj.

Mi consejo: para que parezca que brillas con luz propia… mejor usa highlighter.

#5. Miradas que matan

Atropa Belladona

Vamos ahora a por los ojos. Buscaremos resaltar la mirada. Deja de lado el eyeliner y las pestañas postizas… Lo que realmente lo petaba en el Renacimiento eran las pupilas grandes y brillantes. Y para conseguirlas, nada peor que echarse unas gotitas de extracto de Belladona. Bella-donna, que significa, “mujer bella”… ¿qué podría tener de malo?

Pues mucho. La Atropa Belladona es una de las plantas más venenosas que se conocen. Contiene grandes cantidades de atropina, una molécula que bloquea las funciones del sistema nervioso del cuerpo. En el ojo, y en muy pequeñas concentraciones (1 parte de atropina por 130.000 partes de agua), bloquea el reflejo de acomodamiento, dilatando la pupila. Esto te dejaría la visión borrosa (y muy sexy, si sigues los cánones del siglo XV).

Pero pasarse de la “dosis recomendada de veneno en el ojo” puede dejarte permanentemente ciego. Y no sólo eso ya que, al alterar otras funciones nerviosas, los síntomas pueden incluir: la incapacidad de orinar, salivar o sudar; taquicardias; alucinaciones; coma… y la muerte.

Podrías usar también el truco de belleza de las muchachas victorianas, que se ponían en el ojo zumo de limón o naranja, o unas gotitas de perfume… pero creo que va a escocer igualmente.

 

BONUS: Eternamente bella

El emperador chino Qin Shi Huang

La belleza es pasajera y el tiempo no perdona. Es ley de vida (y de los telómeros de tus cromosomas) ir envejeciendo hasta morir. A menos…

Según los informes, el emperador chino Qín Shi Huáng, de la dinastía Qin (siglo III a.C.), tomaba un elixir de inmortalidad que preparaban sus alquimistas taoístas. Un remedio “milagroso” hecho de mercurio, un poco contraproducente… porque terminó volviéndole loco y provocándole una muerte agónica.

Ingerir mercurio (ese metal líquido tan brillante y tan tóxico) puede hacer desde que se caigan todos tus dientes, hasta lesionar gravemente las conexiones de tus neuronas. Pero lo principal es que dañaría tantísimo tus riñones que se paralizarían por completo, acabando con tu vida.

Y hasta aquí, los consejitos de belleza. Si vas a usar productos cosméticos, recuerda informarte bien sobre qué es lo que te estás poniendo en la piel. Porque por muy guapx que te deje…

…la muerte no te sienta tan bien.

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