La tecnología que hay detrás del melón que comemos

La tecnología que hay detrás del melón que comemos

El estudio del genoma de más de 1.000 variedades de melón, en el que ha participado un equipo catalán del CRAG, narra su origen y domesticación.

¿Qué mejor que comer un delicioso trozo de melón dulce y fresco en pleno verano? Cuando estamos con el tenedor en la mano no somos conscientes de que para llegar aquí fue necesario mucho trabajo y tiempo. Las variedades de melón que conocemos hoy nada tienen que ver con sus antepasados, pequeños y amargos. Son fruto de una larga historia de mejora con el único fin de agradar a nuestro paladar.

La mejora genética es mucho más antigua de lo que pensamos, y no consiste en más que ir cruzando individuos de la misma especie (o especies muy próximas), con el fin de seleccionar plantas con características de interés. Empezó en el Neolítico, hace unos 10.000 años, con la aparición de la agricultura, y en el caso del melón, su domesticación empezó hace unos 4.000-4.500 años.

Un reciente estudio publicado en la prestigiosa revista Nature, liderado por laboratorios en China y en el que ha participado el equipo del investigador del IRTA en el CRAG, Jordi Garcia-Mas, arroja luz en la historia de la domesticación de una de las frutas más consumidas en el mundo (32 millones de toneladas producidas en 2.017, FAO). Se secuenciaron nada más y nada menos que 1.175 variedades diferentes de melón, lo que representa una cobertura casi total de la variabilidad de esta especie.

Se abren las puertas a una revolución en el sector agrícola del melón. Saber cuál es el gen responsable por una característica acelera todo el proceso de mejora porque se puede analizar directamente el ADN en plántulas muy jóvenes. Pero lo mejor aún está por llegar. En palabras de Garcia-Mas “Con este proyecto se ha generado muchísima cantidad de datos que pueden ser útiles para muchos proyectos y muchos investigadores. Nos abre unas posibilidades que hasta ahora no teníamos.”

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Jordi Garcia-Mas, investigador del CRAG, analizando variedades de melón (CRAG / Escarlata Blanco)

La domesticación del melón

El melón actual se agrupa en 2 subespecies: el melo, cultivado principalmente en América, Europa y Asia occidental y la agrestis, restringido a Asia oriental. Ambas subespecies comparten características comunes que son distintas a las de los ancestrales salvajes (como frutos, hojas y semillas más grandes y menos acidez y amargor). Sin embargo no son exactamente iguales entre ellas, lo que sugiere que se hayan originado a partir de diferentes eventos de domesticación.

Este estudio ha llevado a entender mejor la trayectoria de la domesticación del melón a una escala global. Se pensaba que su “cuna” era África. Sin embargo, se ha confirmado que las variedades salvajes más cercanas al melón actual se encuentran en India y Asia, y que las especies salvajes africanas tuvieron muy poca influencia en la domesticación del melón fuera de ese continente.

A raíz de este trabajo ahora se puede decir que muy probablemente la domesticación del melón ocurrió a partir de 3 eventos independientes: 1 en África y 2 en la India.

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Diferentes variedades de melón utilizadas en este estudio (CRAG)

Pasos futuros

Si bien con el conocimiento generado en este estudio se abren infinitas posibilidades de estudios, quién decidirá su aplicación somos los consumidores finales. Casi toda la mejora genética para productos hortícolas hoy en día se hace en empresas del sector, y son ellas las que la direccionan hacia características de interés para el mercado. «Nosotros lo que hacemos es investigación para conocer los genes que controlan los caracteres y luego toda esta información la pueden utilizar los mejoradores de las empresas. Es el consumidor final el que acaba decidiendo lo que más se va a investigar» aclara Garcia-Mas. Así, habrá que ver si el mercado del futuro aceptará un melón piel de sapo acostillado y con pulpa naranja, o un melón cantaloup con la pulpa blanca.

El trabajo que viene ahora es analizar lo que hay en el genoma y asociarlo con las características (fenotipo). No obstante es un trabajo bastante complicado y pocos centros de investigación o empresas lo pueden hacer por si solos. El investigador concluye que “Lamentablemente no hay dinero para destinar a este tipo de grandes consorcios donde hay secuenciación a gran escala. Esto fue una colaboración en que nuestro grupo no ha recibido fondos específicos. En China, donde se financiaba el proyecto, han secuenciado todas las variedades y el análisis de los datos se hizo entre muchos grupos”.

En breve los resultados de estos estudios deleitarán nuestros paladares.

Referencia: doi: 10.1038/s41588-019-0522-8

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