SECRETARIAT: El impacto transformador de la ciencia ciudadana

SECRETARIAT: El impacto transformador de la ciencia ciudadana

Para los que nos dedicamos a la comunicación científica, la importancia de la conexión entre la ciencia y la sociedad está clara, nuestro trabajo se basa en tender puentes entre ellas. Pero, más allá de la trasmisión del conocimiento, ¿qué otros caminos unen estos dos mundos?

Josep Perelló, referente en el desarrollo de proyectos que unen ciencia, arte y sociedad, y coordinador del grupo OpenSystems de la Universidad de Barcelona, nos habla de otra forma de implicar a la ciudadanía en la investigación científica: la ciencia ciudadana.

Según la definición de la Asociación Europea de la Ciencia Ciudadana (ECSA, por sus siglas en inglés), “la ciencia ciudadana es un concepto flexible que se puede adaptar y aplicara diversas situaciones y disciplinas”. Es, ciertamente, una definición bastante amplia, pero podemos describirla como un proceso que genera nuevo conocimiento, una investigación real, en la que la ciudadanía participa en cualquiera de sus fases: planteamiento de preguntas y formulación de hipótesis, toma de datos, análisis, conclusiones y actuaciones.

Mosquito AlertResultado de imagen de mosquito alert es un ejemplo de éxito local, que ya es referente entre los proyectos de ciencia ciudadana europeos. A través de una aplicación móvil, cualquier persona puede reportar con una foto la presencia del mosquito tigre o de sus criaderos (normalmente lugares con agua estancada). Sumando los datos se genera el mapa de distribución de esta especie, una información muy valiosa para establecer planes de gestión de salud pública, como, por ejemplo, eliminar los lugares de cría de las viviendas y de la vía pública.

Lo mejor para entender bien en qué consisten estos proyectos es probar uno. Vamos a estudiar la movilidad humana: descarga la aplicación Beepath, ponla en marcha y date un paseo. Como vemos, un elemento recurrente en los proyectos de ciencia ciudadana es el uso de la tecnología, la red y los dispositivos. Esto facilita tanto la participación social como la recogida de datos, pero también suponen nuevos retos para los equipos de investigación. ¿Ya te has dado una vuelta? Vamos a ver los resultados.

Captura

El mapa refleja la trayectoria del paseo y los puntos en los que te has detenido más tiempo con un color más intenso. Estos datos permiten estudiar la movilidad en diferentes, analizar comportamientos y detectar lugares más o menos transitados. Las conclusiones nos pueden ayudar a actuar sobre nuestro entorno, buscar nuevas rutas o mejorar las rutas más frecuentes, por ejemplo, añadiendo más zonas verdes.

 

La ciencia ciudadana no se hace en solitario

 

Photo by Providence Doucet on Unsplash

Photo by Providence Doucet on Unsplash

La naturaleza de los proyectos de ciencia ciudadana es muy distinta a la de una investigación convencional. Aparecen nuevos actores, como los ciudadanos y ciudadanas, con los que hay que establecer una relación singular, conseguir engancharles, hacerles partícipes del proyecto y responder a sus expectativas. Es aquí cuando se suma al equipo otra figura: la comunicación. El comunicador o comunicadora es una persona clave en proyectos de ciencia ciudadana, de su labor depende que los participantes se sientan integrados en el proyecto, que lo hagan suyo y que, en definitiva, se pueda transformar un experimento en una experiencia.

 

La ciencia ciudadana genera un nuevo espacio de discusión, empuja a la mente científica a salir de su torre de marfil y a acercarse a lo que le interesa a la gente, a encontrar lo importante para los ciudadanos. Se transforman en proyectos más flexibles, adaptables a las necesidades, demandas o intereses de diferentes colectivos. La ciencia ciudadana es una investigación científica real, por supuesto, pero va más allá: es el conocimiento generado de forma colaborativa, de manera que todas las partes implicadas se enriquecen de ese conocimiento desde el primer momento.


El impacto de la ciencia ciudadana

Los proyectos de ciencia ciudadana emergieron entre 2009 y 2011. El boom de internet y la red facilitó la puesta en común de todo tipo de datos y comenzaron a surgir diferentes formas de ciencia participativa: desde los proyectos de recogida de datos aportados por los usuarios, que permite sumar un volumen de información inalcanzable sin las aportaciones ciudadanas (por ejemplo, las observaciones de pájaros para bases de datos ornitológicas); hasta los que ponen a prueba la inteligencia colectiva, poniendo un problema complejo a disposición de todo aquel que quiera enfrentarlo (como la plataforma Foldit, que propone resolver estructuras de proteínas como si se tratara de puzzles).

publiclab

Fuente: publiclab.org

Pero el éxito de un proyecto de ciencia ciudadana no se mide en el número de participantes, sino en el impacto que genera. La historia Public Lab es muy reveladora. Public Lab surgió a partir de 2010, cuando en el Golfo de México ocurrió un grave vertido de petróleo que tuvo gran impacto sobre la comunidad y el medio ambiente. La información que las autoridades comunicaban era limitada y sesgada, lo que movilizó a la población para montar sus propios ‘satélites’ basados en globos de helio y cometas con cámaras digitales. Con ellos, fueron capaces de reconstruir mapas de imágenes aéreas y ver la magnitud real del derrame. Estos mapas creados por la comunidad se cargaron en Google Earth, lo que los hizo accesibles a nivel mundial y llamaron la atención de los medios, permitiendo mostrar la verdad de lo que estaba ocurriendo.

Existen otros proyectos que involucran a los ciudadanos en la toma de datos de su entorno más cercano, como en el análisis de la calidad del aire en las ciudades. Este tipo de proyectos se engloban también en el concepto de ‘Smart Cities’, donde los ciudadanos tienen un papel proactivo en análisis de los problemas que les afectan y toman partido. En este contexto, la ciencia ciudadana muestra una capacidad transformadora y sirve como herramienta para la democratización de la ciencia.

 

“Los hechos son inciertos, los valores están en disputa, lo que se pone en juego es alto y las decisiones son urgentes” (Funtowicz & Ravetz, 2000)

El modelo científico tradicional está obsoleto. Las distintas parcelas de conocimiento, cada una por su lado, no pueden enfrentarse a los retos actuales. Es necesario sumar más actores, establecer sinergias y compartir la incerteza. Hay una urgencia para pasar a la acción y la ciencia ciudadana es una buena estrategia para revalorizar el conocimiento, y hacerlo juntos.

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