Profesor Manuel Reina “La transferencia de conocimiento en la universidad es una cuestión de supervivencia”

Profesor Manuel Reina “La transferencia de conocimiento en la universidad es una cuestión de supervivencia”

Manuel Reina es Profesor Titular de Biología Celular en la Universidad de Barcelona, cofundador de la Spin-off Advancell e Investigador Principal del grupo Celltec-UB. El mismo, promueve la innovación y la transferencia de tecnología celular de la universidad al mercado y la sociedad. Además, es amante de la papiroflexia, que usó con sus hijos para hablar de su pasión, las células.

¿Cuándo decidió estudiar biología?

A mi la biología me ha gustado siempre. Tuve la suerte de estudiar el bachillerato en una escuela donde había muchos profesores excelentes, entre ellos, mi la profesora de biología, Pilar. Era una enseñanza en la que no habia clases magistrales. Todas las asignaturas se enfocaban de una forma muy dinámica, nos examinábamos y autoevaluábamos constantemente. Esto me permitió plantearme muchas preguntas que me parecieron interesantes de responder. No solo en ciencias, me gustaba todo, así que estudié todas las ciencias y todas las letras. Me llegó a interesar mucho la filosofía, la historia o la música.

Su tesis doctoral esta dedicada a las plantas, ¿ Cómo cambió hacia la investigación animal?

En realidad, no cambié de línea, solo que mantuve ambas durante un tiempo. Después de realizar la tesina en la Cátedra de Fisiología General de la UB, decidí marcharme a hacer la tesis doctoral al CSIC, donde me dediqué a hacer clonaje de genes en maíz. Paralelamente, colaboré con alguien del departamento de bioquímica, Senén Vilaró, desgraciadamente, fallecido en 2005. Él no sabía de biología molecular y necesitaba poner a punto la técnica de hibridación in situ que aún no se hacia en España. De modo que, en mis tiempos libres, me dediqué a clonar todos los genes humanos que nos hacían falta para estas técnicas. Con ese trabajo, Senén y yo, publicamos muchos papers sobre hibridación e inmunocitoquimica.

De este trabajo con Senén nació el grupo Celltec-UB. ¿Como se desarrolló?

Digamos que la idea de Celltec-UB nace por un lado, de la búsqueda de mutaciones implicadas en las hiperlipemias, trabajo, que realicé durante las estancias en los EEUU, y por otro lado, de los estudios sobre la biologia celular de la lipoproteína lipasa y los mecanismos implicados en la angiogenesis que realizábamos en el grupo de investigación. Para estudiar que mecanismos se alteraban en la célula, se necesitó desarrollar muchos sistemas de cultivos celulares. Actualmente, establecemos estos cultivos, nos planteamos algunos problemas biológicos básicos y los resolvemos usando toda la técnica y tecnología disponible, desde genética molecular, análisis de expresión, modificaciones genéticas, cultivos primarios, cocultivos, ingeniería de tejidos… Apoyándonos en todo tipo de microscopias. Esta parte básica, ya no la llevo yo, sino los postdocs. Ahora, ellos son profesores, cada uno tiene su grupo y dirigen a un equipo de personas. Yo intento coordinarlo y me dedico fundamentalmente a los proyectos de investigación para empresas.

Celltec-UB está acreditado con un sello de calidad ¿Qué significa el sello TECNIO?

Sí, tenemos reconocimiento TECNIO, de la Generalitat de Catalunya, lo que nos obliga a disponer de un sistema de gestión de calidad. TECNIO es una iniciativa para identificar la calidad de los grupos de investigación que están implicados en la transferencia de tecnología. De una manera similar a la etiqueta SGR, que certifica la calidad y productividad científica. Se trata de un reconocimiento para proteger a los grupos de investigación de algún modo. El equivalente, desde el punto de vista de la transferencia de tecnología, es el sello TECNIO que nació hace 15 años. La oficina de transferencia de la UB, la Fundació Bosch y Gimpera identificó a Celltec-UB, como un grupo con intensa actividad de trasferencia. Aún así, desde mi punto de vista este sistema es francamente mejorable pues creo que esta estructura no acaba de dar el apoyo para la que se creó.

¿Como nació la Spin-off Advancell?

Advancell es una empresa biotecnológica que fundamos entre dos equipos de científicos, unos de la UB y otros del Centro de Investigación del Hospital de la Fe en 2001. Alrededor de 2 a 3 años antes, la idea nació de un fin de semana que Senén pasó fuera con unos amigos. Volvió al laboratorio diciendo que nuestros problemas se resolverían haciendo una empresa. Senén, tenía una excelente visión y una gran capacidad de relación exterior. Él fue el coordinador y director, digamos, la cabeza visible durante muchos años de nuestro grupo de investigación. A mi siempre me interesó mucho más el trabajo hacia dentro. Desconocíamos el tema empresarial, así, que recorrimos muchos laboratorios europeos a ver como lo hacían. Nos llevó 2 años que se entendiera la idea aquí, durante los cuales demostramos que lo que hacíamos tenía interés para la industria. Decidimos iniciar todo el proyecto desde dentro del grupo de investigación para lo cual, contactamos y colaboramos con un buen número de empresas, con la ayuda de la Fundación Bosch y Gimpera. Fue un esfuerzo agotador, que cristalizó en 2001 con la constitución la empresa Advancell, empresa a la que dedicamos mucho, en paralelo al grupo Celltec-UB.

El Grupo Celltec-UB, también gestiona el banco de células eucariotas EUcellbank, ¿en que consiste?

Al crear Advancell, más del 80% del personal del grupo de investigación se fue a la empresa. Esto significó una fuerte descapitalización del grupo y nos tuvimos que reinventar, porque nosotros, seguíamos siendo académicos. Una de las ideas que se le ocurrió a Senén para hacerlo, fue montar un banco de células. Inicialmente se preveía un sistema que además de almacenar, certificara las líneas y fuera un depósito registral. A mí, que estaba inmerso en la actividad de Advancell, en la docencia y en el trabajo del grupo, me pareció que la idea era interesante pero no quería implicarme. Senén murió cuando aún no habíamos montado la estructura física, solamente teníamos la idea y habíamos conseguido una ayuda económica para montar la sala de almacenamiento criogénico. Así que me tuve que poner a desarrollarlo. Sin embargo el proyecto tuvo que ser redimensionado y actualmente, solo es un repositorio de células que guardamos y suministramos a aquellos investigadores que nos lo piden. Tenemos líneas propias, que son confidenciales, pues pertenecen a las empresas con las que colaboramos. El grupo puede usarlas internamente, pero no compartirlas ni publicarlas. Pero hay muchas otras que si podemos compartir, obtenidas por nosotros o cedidas por otros investigadores.

¿Esta previsto acreditarlas, como la idea inicial?

Por el momento, no. Hacer un depósito acreditado es un servicio que puede ser interesante pero yo no puedo ocuparme, y todavía no he encontrado a nadie que quiera dedicarle el tiempo que se necesita. Este tipo de iniciativas, en otras instituciones del mundo funcionan, pero se llevan a cabo gracias a que existe un personal de apoyo a los investigadores, y esto aquí no es viable.

¿Que diferencias hay entre un investigador y un científico que decide hacer transferencia de tecnología y crear una spin-off?

El investigador básico, tiene que publicar, porque es el único parámetro que se emplea en su evaluación. Si quieres optar a una plaza fija o un contrato de larga duración necesitas demostrar tu calidad mediante las publicaciones, la obtención de financiación, la dirección de tesis, en resumen, todo se reduce a productividad científica. Esto está bien para alguien que quiere hacer exclusivamente investigación, pero, no es la mejor manera de evaluar a un docente. Tampoco, para evaluar la actividad de transferencia de tecnología. Aunque se empieza a hacer, los métodos que se usan no son buenos. Intentan aplicar criterios como si fuera investigación, pero en la transferencia muchas veces no se publica, los proyectos son más cortos, pero mucho más intensos. La estrategia de medirlo mediante “una foto fija”, una vez al año, a veces, no permite incluirlo todo. No se valora un proceso que es progresivo.

La calidad investigadora se mide con publicaciones. ¿Cómo es para la docencia?

Se nos evalúa en función de las opiniones de los estudiantes, de las calificaciones que obtienen y de la formación del profesorado. La UB ha intentado parametrizar la actividad de sus profesores. Para ello se han intentado estrategias como por ejemplo, el Plan de Dedicación Academica (PDA) de hace unos años. El cual, se basa en cuantificar el tiempo que cada profesor dedica a sus diferentes actividades y justificar las 1650 horas del contrato. Horas de docencia, coordinación, investigación…. Es un trabajo complejo, pero lo que yo echo de menos, es que estos datos sirvan para algo. Los resultados no se hacen públicos ni se producen acciones disciplinares o se toman decisiones organizativas en caso de no cumplirlo. Todo esto quema bastante. Yo soy funcionario por oposición, desde los 29 años. Creo que el sistema funcionarial, está bien porque da libertad al profesor, al investigador, pero para mí en la gestión universitaria falta una clara visión empresarial.

¿Y la transferencia?

La transferencia es otro mundo. Los parámetros usados para medir la investigación no sirven para medir la transferencia. Cuando haces transferencia tienes que renunciar por ejemplo a publicar en bastantes situaciones, un parámetro por el que te van a evaluar como investigador. Por ejemplo yo publico poco, no es que mi trabajo no tenga calidad, si no que es confidencial. Y esto lo he escogido conscientemente. Cuando me presenté a una oposición para catedrático, el tribunal formado por investigadores básicos me afeó mi curriculum investigador pues decían que mi investigación no era pura, porque era aplicada. El colectivo científico es un grupo de personas muy endogámico en el que si haces algo diferente, los cuestionas.

Sin embargo, la transferencia de tecnología para la universidad es una cuestión de supervivencia, y es además uno de los pilares básicos de su actividad. Por un lado, transferimos el conocimiento a los estudiantes, que llegan a la sociedad y producen, y por otro, las técnicas, los productos, las dianas… a la industria, que es la que puede convertir el conocimiento generado en productos o servicios de utilidad para la sociedad.  Los investigadores no son conscientes que es mucho más duro transferir que pedir y realizar proyectos básicos competitivos. A la empresa privada no puedes engañarles, les has de proporcionar aquello que acordaste y si no están contentos con el trabajo, sencillamente no te vuelven a contratar.

¿Ha mejorado la investigación en la universidad desde que entró?

Cuando yo empecé a hacer investigación sobre el año 1983, en el laboratorio teníamos una pipeta automática y unas pocas puntas que lavábamos para reutilizarlas. Ahora tenemos recursos para que el personal pueda hacer experimentos con bastante comodidad, lo que no está nada mal. La formación que estamos dando está bastante bien. Hay estudiantes, que se han formado con nosotros y que ahora mismo están en laboratorios muy competitivos a nivel mundial, en los que hacen cosas muy interesantes. Eso es muy satisfactorio. Aunque si me gustaría que mejoraran muchas cosas. Por ejemplo, que no tuvieras que esperar a los 50 años para optar a una plaza con un contrato indefinido. Esto no te permite planificar la vida. Yo soy funcionario desde los 29 pero hay compañeros con mucha mejor formación y más calidad científica, que con 50 años, aún no tienen un contrato indefinido. Además, tenemos un grave problema de financiación y de personal muy claro. Falta especialmente personal técnico y personal de apoyo a los investigadores que mantengan la memoria de los procesos. Pero creo que hemos conseguido mejorar, bueno, yo hablo por mi. Mi apuesta, siempre ha sido el trabajo hacia dentro, es decir, intento que sea un grupo con recursos suficientes para llevar a cabo el trabajo que nos hemos planteado hacer, de forma estable. El grupo ya tiene más de 25 años y espero que sea activo unos pocos más, al menos, hasta que yo deje de colaborar y otros decidan como continuarlo.

¿Qué le parece la divulgación científica?

Imprescindible. Yo me considero Profesor. Y la función de un profesor es enseñar, lo que significa divulgar. Hago toda la divulgación que puedo en mis clases, pero además, participo en otras actividades que me proponen a nivel de enseñanza secundaria, primaria o formación profesional. En todas las etapas académicas de mis hijos he participado en sesiones y actividades en las que me invitaban a explicar a que me dedicaba. Casi siempre, en primaria, me pedían que hiciéramos papiroflexia o magia. Solo una vez les convencí de que me dejaran hablarles de células. En esa sesión, por ejemplo, monté un trihexaflexágono, una estructura de papel planar de dos caras, con una tercera oculta dentro. En cada una de las caras, al plegarla se veían sucesivamente una célula animal, una vegetal y una bacteriana. También llevé, dentro de una caja de origami, una gran célula, que para su sorpresa, era un huevo. La estimulación de los niños, jóvenes y adultos con actividades de ciencia, es fundamental para que entiendan lo que los científicos podemos aportar. Colaborando en la construcción de una sociedad más científica, más sana y más crítica.

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