NUEVAS ARMAS CONTRA BACTERIAS SUPER-RESISTENTES

NUEVAS ARMAS CONTRA BACTERIAS SUPER-RESISTENTES

superbugs

© Susanna M. Hamilton, Broad Communications

Los superbugs o bacterias súper-resistentes son cada vez más populares, y no precisamente por buenas razones. El abuso de antibióticos, utilizados en ocasiones de forma indiscriminada o poco regulada, produce que las bacterias se vuelvan cada vez más resistentes a ellos. Por lo tanto, cada vez nos quedan menos armas para luchar contra las infecciones.

¿Cómo ocurre esto? Es un ejemplo de cómo actúa la selección: una población de bacterias infecta a otro organismo como, por ejemplo, cuando una persona contrae una gastroenteritis por haber tomado algún alimento contaminado. Lo más probable es que haya sido infectado por bacterias Escherichia coli. El procedimiento indicado en estos casos incluye, siempre en primer lugar, acudir al médico para que determine el tratamiento y haga las recetas pertinentes, normalmente recomienda seguir una dieta blanda, tomar mucho líquido y antibióticos.

Estos antibióticos atacan a la población de bacterias E.coli y acaban con la mayoría de ellas. Con la población debilitada, nuestro sistema inmunitario terminará de hacer el trabajo y eliminará por completo la infección. Habremos eliminado todas las bacterias, pero en el caso de quedar alguna superviviente, sería por ser ésta resistente al ataque de los antibióticos. De esta forma, al eliminar las bacterias susceptibles al antibiótico, estamos también seleccionando las resistentes.

Las bacterias se dividen a un ritmo considerablemente rápido, y en cada división existen probabilidades de que ocurra una mutación que cambie algo en el ADN de la bacteria que la haga resistente. Además, estos microorganismos tienen la capacidad de intercambiarse trozos de ADN (fenómeno llamado transferencia horizontal), pueden intercambiar entre unas y otras los genes responsables de la resistencia, expandiéndola en la población bacteriana. La aparición de estas mutaciones no lo podemos evitar, pero lo que sí está en nuestra mano es hacer un uso correcto y moderado de los antibióticos, para no favorecer la aparición de resistencias.

El ejemplo más común de abuso y mal uso de antibióticos se da frente a resfriados y gripes. Estas dolencias están causadas por virus, no por bacterias. Es cierto que ambos pueden ocasionar enfermedades, pero hay una gran diferencia entre ellos: las bacterias son organismos de una única célula, mientras que los virus son acelulares, es decir, son partículas que no forman una célula, sino que invaden otras células para reproducirse. Esto hace que sus mecanismos de infección sean radicalmente diferentes, así como los mecanismos para combatirlos. Los antibióticos son armas que nos sirven para atacar bacterias, por esta razón, los antibióticos no actúan sobre los virus y tomarlos cuando tenemos un resfriado o una gripe no nos ayuda a mejorar, sino que contribuye a la generación de bacterias resistentes.

 

En búsqueda de nuevas armas

Ante la crisis de los antibióticos y el auge de los superbugs, es una prioridad continuar investigando para encontrar nuevas armas para combatirlos. En el Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC), un equipo de científicos tiene esta misión como objetivo principal.  Recientemente han descubierto un mecanismo que puede ayudarnos a comprender cómo algunas bacterias siguen reproduciéndose a pesar del ataque de los antibióticos, al mismo tiempo que nos dan pistas de por dónde podemos seguir combatiendo.

La protagonista de su estudio es la cepa bacteriana Pseudomonas aeruginosa. Esta especie es responsable de causar graves infecciones pulmonares en personas inmunodeprimidas, es decir, con sus defensas debilitadas. P. aeruginosa es especialmente peligrosa en pacientes de fibrosis quística, debido a la fragilidad de sus pulmones provoca infecciones crónicas que pueden tener el peor de los desenlaces.

Al exponer a estas bacterias a altos niveles de estrés, han visto cómo un sistema de regulación bacteriana, el sistema AlgZR, controla la síntesis de ADN, lo que permite a las bacterias reaccionar y adaptarse frente a la agresión de agentes estresantes, como los antibióticos. Este sistema es además responsable de que P. aeruginosa se vuelva maligna y adquiera las características que la hacen más infecciosa y peligrosa.

El papel de AlgZR en la respuesta de las bacterias al estrés nos da una nueva explicación a cómo continúan dividiéndose y proliferando ante el tratamiento con antibióticos. Muchas otras especies microbianas comparten sistemas similares a AlgZR, por lo que puede que hayamos encontrado un nuevo punto débil de las bacterias.

Puede que no sea el arma definitiva, pero gracias a la investigación y a los avances científicos, encontraremos nuevas estrategias para combatir a las bacterias super-resistentes.

 

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